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AGUA - EPM

Introducción


Colombia es un país de agua, sin duda privilegiado, y quizá por eso mismo es uno de los que más responsabilidad tiene en la preservación, para las nuevas generaciones, de ese elemento de la naturaleza. Para Empresas Públicas de Medellín (EPM) ese reto también tiene una importancia especial. El agua es el hilo conductor de esta empresa, hace parte de su lenguaje, de su hacer y de su entender el mundo que la rodea (Restrepo, 2011). Podemos afirmar que nuestra condición de empresa se explica, finalmente, en términos de la capacidad para administrar con eficiencia este recurso natural no renovable.

 


Más allá del desarrollo de obras de infraestructura - actividad en la que históricamente se ha destacado y seguirá destacándose EPM-, la propuesta actual consiste en pensar y crear cada vez mejores opciones para cuidar el agua, conservarla y reutilizarla. Ese concepto está en la raíz misma de la responsabilidad social empresarial y se expresa en un buen número de programas que la empresa ha venido adelantando en el marco de la prestación de los servicios de agua y energía, desde Habilitación Viviendas, contratación social y las brigadas comunitarias, hasta las actividades de educación al cliente, la protección de los bosques y los recursos hídricos asociados a las centrales de generación de energía, el impulso al modelo de acueductos regionales, la descontaminación del río Medellín, el cuidado de las quebradas y, en general, la calidad certificada que se registra en todos los procesos de aguas de EPM (Restrepo, 2011).


 

El agua y la eficiencia de su ciclo


La energía solar y el ciclo del agua configuran el diseño exacto y perfecto del ecosistema en el planeta Tierra. La energía calienta las aguas de los océanos y las superficiales presentes en bosques, lagos, ríos, embalses y follajes herbáceos y arbóreos, permitiendo que el agua presente se volatilice hacia el aire como vapor de agua. Corrientes ascendentes de aire llevan el vapor a las capas superiores de la atmósfera, donde las temperaturas frías hacen que el vapor de agua se condense y forme las nubes. Las corrientes de aire que circulan por la atmósfera transportan las nubes a sitios muy distantes, donde se precipitan (Planea, 2010).

En condiciones favorables de temperatura y presión, las partículas presentes en las nubes colisionan, crecen y caen en forma de precipitación. En las zonas septentrionales y en las altas cumbres montañosas, parte de ella desciende en forma de nieve o aguanieve y se acumula en capas de hielo en los glaciares, los cuales pueden almacenar agua congelada por millones de años (Planea, 2010).

Por su parte, en las zonas tropicales la mayor parte de las precipitaciones cae en forma de lluvia sobre la tierra y circula sobre la superficie como escorrentía. Otras se infiltran en el suelo y una parte importante de la escorrentía alcanza las quebradas y los ríos, donde la corriente transporta el agua y la devuelve a los océanos. El agua de escorrentía y el agua subterránea que brota hacia la superficie se puede acumular y almacenar en represas, terrazas y lagos de agua dulce. No toda el agua lluvia fluye hacia los ríos, una gran parte es absorbida por el suelo como infiltración o percolación, fenómenos que vienen disminuyendo aceleradamente a medida que los seres humanos extinguimos el bosque e incrementamos las áreas de ganadería (Planea, 2010).

Parte del agua permanece en las capas superiores del suelo y vuelve a los cuerpos de agua y a los océanos como descarga de agua subterránea. Esta última también encuentra salida en la superficie terrestre y emerge como manantiales de agua dulce. El agua subterránea que se encuentra a poca profundidad es tomada por las raíces de las plantas y transpirada a través de la superficie de las hojas, regresando a la atmósfera; parte de ella es utilizada por los seres humanos en los pozos y aljibes. Restos del agua infiltrada alcanzan las capas más profundas del suelo y recargan los acuíferos, que almacenan grandes cantidades de agua dulce por largos períodos, durante los cuales continúa moviéndose y parte de ella retorna a los océanos, donde el ciclo del agua se "cierra" y comienza nuevamente (Planea, 2010).

En la mayoría de los países del mundo hay una creciente falta de agua, lo que configura un panorama global de insuficiencia y escasez que se manifiesta en desmejoras en la calidad de vida y en un obstáculo para la lucha contra la pobreza y los procesos de desarrollo.

Teniendo en cuenta las nuevas necesidades de agua generadas por un crecimiento demográfico acelerado, los requerimientos de una sociedad cada vez más dispuesta a exigir calidad de vida y servicios públicos excelentes, la presencia de fenómenos naturales como el cambio climático, entre otros, es claro que se requiere un manejo diferente del agua. Este ha dejado de ser un asunto exclusivamente técnico para dar paso a una visión más compleja e interdisciplinaria, denominada Gestión Integral del Recurso Hídrico (GIRH), cuyo objetivo es promover el manejo y desarrollo coordinado del agua en interacción con los demás recursos naturales, maximizando el bienestar social y económico resultante, de manera equitativa, sin comprometer la sostenibilidad de los ecosistemas vitales Este tipo de gestión involucra a muchos sectores, y por lo tanto contrasta con el enfoque sectorial tradicional que han adoptado muchos países. Se ha ampliado en mayor medida a fin de incorporar la toma de decisiones participativa en todos los grupos de interés.

La GIRH constituye un cambio de paradigma y se diferencia de los enfoques tradicionales en tres formas:

 

  • Los múltiples propósitos y objetivos son interdisciplinarios.
  • El foco relativo al espacio se encuentra en la cuenca de los ríos y no en los cursos de agua.
  • Supone la diferenciación de las reducidas fronteras y perspectivas profesionales y políticas, y la ampliación para incorporar la decisión participativa de todos los grupos de interés.


Este concepto exige considerar el agua en todos sus estados dentro de su ciclo natural y la interdependencia de las aguas superficiales, subterráneas y marinas. Es importante resaltar que se materializa la cuenca hidrográfica como unidad espacial de análisis, donde el agua interactúa con los demás recursos renovables (MAVDT, 2010).



Disponibilidad de los recursos hídricos


En el caso de Colombia, la abundancia de agua con que cuenta el país se debe a su posición en la zona ecuatorial, a la presencia de los grandes espacios acuáticos que la enmarcan ―el océano Pacífico y el mar Caribe― y a la cercanía con la cuenca del Amazonas, de la cual forma parte casi la mitad de su territorio. La cordillera de los Andes, que atraviesa el país de sur a norte, articula y genera el dinámico y abundante ciclo hidrológico que nos caracteriza.

Sobre el territorio colombiano cae una precipitación anual de más de 3.000 mm, lo cual supera el triple del promedio mundial (que es de 900 mm) y el doble de la que cae sobre Suramérica. Además, tenemos siete nevados y dieciocho páramos, cuatro grandes ríos y dos océanos (Restrepo, 2011).

La riqueza hídrica colombiana también se manifiesta en la favorable condición de almacenamiento superficial, representada por la existencia de cuerpos de agua lénticos, distribuidos en buena parte de la superficie total, y por la presencia de enormes extensiones de ecosistemas de humedales. Del volumen total de escorrentía anual, 1,81% se almacena superficial y temporalmente de la siguiente manera: 0,47% en pantanos, 1,30% en lagos naturales, y 0,04% en los páramos, constituyéndose en la oferta de almacenamiento ambiental que bajo ciertas condiciones racionales es utilizada, bien para otros usos productivos o para el funcionamiento de los sistemas naturales. (MAVDT, 2010).

Según estimaciones del IDEAM, la precipitación media anual en Colombia es en promedio de 3.000 mm, con una evapotranspiración real de 1.180 mm y una escorrentía medial anual de 1.830 mm. Teniendo en cuenta lo anterior, del volumen de precipitación anual 61% se convierte en escorrentía superficial, generando un caudal medio de 67.000 m3/s, equivalente a un volumen anual de 2.084 km3, que escurren por las cinco grandes regiones hidrológicas que conforman el territorio nacional continental (MAVDT, 2010).

Sin embargo, cuando se considera en detalle que la población y las actividades socioeconómicas se ubican en regiones con baja oferta hídrica, que existen necesidades hídricas insatisfechas de los ecosistemas y que cada vez es mayor el número de impactos de origen antrópico sobre el agua, se concluye que la disponibilidad del recurso es cada vez menor. Este es el caso de la cuenca Magdalena-Cauca, la cual está sometida a una alta demanda sobre el recurso, dado que en ella se encuentra asentada alrededor del 76% de la población total del país y su rendimiento de producción hídrica es baja comparada con otras cuencas hidrográficas (ver tabla 1).


Tabla 1. Distribución de la población y rendimiento en las cinco grandes regiones hidrológicas del territorio nacional continental (IDEAM, 2004).


Cuenca

Población total (%)

Rendimiento (l/s/ km2)

Magdalena-Cauca

76

33

Caribe

11

10

Pacífico

6

98

Orinoco

5

46

Amazonas

2

54

 


Los principales problemas del agua en Colombia son en muy buena medida producto de su utilización insostenible, en la que los usuarios del agua, domésticos, agrícolas e industriales, la devuelven al medio ambiente después de usarla sin tratar la contaminación que ellos mismos produjeron. Esta es una forma de transferir los costos aguas abajo, de manera que los usuarios potenciales ubicados después del vertimiento de las aguas residuales deben tratarlas para poder utilizarlas, incurriendo en los costos correspondientes.


Antioquia posee una gran riqueza natural, determinada por la gran oferta hídrica de sus principales cuencas (Atrato, Cauca, Magdalena Medio y Aburrá) y su variedad climática. Estas características configuran la existencia de diferentes ecosistemas: ríos de montaña, ríos de planicie, humedales y páramos (CTA, 2010).


Las descargas de las aguas residuales se han convertido en uno de los problemas ambientales más críticos y crecientes, y se considera que el factor determinante es el crecimiento poblacional desorganizado en la mayor parte de las zonas urbanas y rurales. Esta situación se refleja en el aumento de las descargas provenientes de los sectores industrial, agropecuario y doméstico, que tienen como consecuencias principales la reducción de su productividad, el aumento en los costos de tratamiento del recurso hídrico y la dificultad en la capacidad de autodepuración de las fuentes de agua; además, se pone en riesgo la salud de los habitantes (CTA, 2010).



Importancia del agua en EPM


El agua es el recurso natural más relevante para EPM. Es utilizado en la mayor parte de los procesos de generación de energía y en la totalidad del servicio de agua potable y saneamiento básico; por tal motivo es monitoreado permanentemente para lograr su adecuada gestión.

EPM cuenta en la actualidad con diez embalses en operación, con un área de espejo de agua alrededor de 11.000 ha, ubicados en las zonas del Oriente, Norte y Nordeste antioqueños. Estos reservorios de agua son aprovechados para generar energía, y tres de ellos para el abastecimiento de agua potable en el Valle de Aburrá.

En el caso de suministro de agua potable, EPM capta el agua de los embalses y fuentes superficiales y la transporta hacia sus plantas de potabilización: Aguas Frías, La Ayurá, Barbosa, Caldas, La Cascada, La Montaña, Manantiales, San Antonio de Prado, San Cristóbal y Villa Hermosa; realiza su tratamiento, la almacena y la distribuye por la ciudad a todos los usuarios del servicio, los cuales ascienden a 976.898 a la fecha (EPM, 2012).

Posteriormente, el agua residual generada en las viviendas, industrias, comercio e instituciones es colectada y conducida a través de las redes de alcantarillado a las plantas de tratamiento de aguas residuales (San Fernando y, en un futuro, Bello), donde a partir de procesos físicos y biológicos se realiza la remoción de carga contaminante, para devolver el agua aprovechada a la fuente receptora, en condiciones aptas que no alteren los ecosistemas.

En el caso de generación de energía hidroeléctrica, EPM ocupa un lugar destacado en el sector eléctrico de Colombia, con una participación del 21,11% de la demanda atendida en el país, con una capacidad efectiva neta del sistema de generación de energía, en 2011, de 3,257.61 MW (megavatios), representados en 27 centrales en operación, 25 hidroeléctricos (85%), 1 térmico y 1 eólico (15%).

 

 

Iniciativas de EPM en torno a la gestión del recurso hídrico


Gestión del conocimiento


Vale la pena resaltar el vínculo empresa-academia como estrategia de gestión del conocimiento, de modo que en la actualidad se desarrollan diferentes iniciativas desde la investigación aplicada en torno a la gestión sostenible del recurso hídrico.


El estudio de la problemática ambiental de tres embalses de EPM para la gestión integral y adecuada del recurso hídrico busca profundizar en el conocimiento de la dinámica de los procesos fisicoquímicos y bióticos propios de los embalses Porce II, Riogrande II y La Fe, con el fin de aportar los elementos necesarios para su adecuada gestión, bajo consideraciones de interdependencia entre cantidad y calidad del recurso hídrico. Este proyecto se desarrolla conjuntamente, desde 2009 hasta 2014, por la Universidad de Antioquia, la Universidad Nacional sede Medellín y EPM.


En convenio con la ONG internacional The Nature Conservancy se está llevando a cabo el proyecto para el manejo integral de cuencas e identificación de servicios ambientales, donde se busca la estructuración de un procedimiento de inversión para conservar y restaurar servicios ambientales en las cuencas abastecedoras de los embalses Riogrande II y La Fe e iniciar la consecución de capital semilla para ponerlo en ejecución.


En la búsqueda de nuevas fuentes complementarias o sustitutas para el aprovechamiento del agua, EPM, junto con la Universidad de Antioquia, ejecuta en la actualidad un estudio especializado en torno a la evaluación de la disponibilidad del recurso hídrico subterráneo para el abastecimiento de los sistemas de acueducto atendidos por fuentes menores.


El conocimiento, a través de la investigación aplicada, constituye una herramienta muy importante para EPM, la cual permite una visión de gestión integral del recurso hídrico basada en un conocimiento detallado de los procesos físicos, químicos y bióticos del agua, y del estado ambiental de las cuencas y embalses. Estas acciones facilitan un trabajo interdisciplinario e interinstitucional con las autoridades ambientales, las administraciones municipales, las ONG, las comunidades y el sector productivo, con el propósito de garantizar la sostenibilidad de nuestros recursos en el tiempo.


Gestión de las cuencas hidrográficas y sus embalses


Partiendo del hecho de que la cuenca debe ser la unidad de gestión, y que cada cuenca tiene dinámicas diferentes desde la intervención antrópica con los diferentes usos del suelo, y la cultura ambiental de cada región, se hace necesario un trabajo interinstitucional e interdisciplinario que permita abordar la gestión integral de las cuencas y compartir las responsabilidades con la sociedad civil, los entes privados y, en general, con los diferentes actores que intervienen en el territorio.


En cuanto a la gestión en las cuencas hidrográficas que abastecen los embalses de EPM, la empresa lidera estrategias como:


  • Se cuenta con 25.000 hectáreas de bosques naturales, 7.000 hectáreas de plantaciones forestales y 11.000 hectáreas de embalses.
  • Cada año se producen alrededor de 1.3 millones de árboles que se comparten con las comunidades en las zonas de las cuencas. Son árboles para plantaciones, huertos leñeros y recuperación de áreas degradadas.
  • Gestión interinstitucional con autoridades ambientales y municipios para la protección del recurso, a través de convenios de cooperación en temas como control de erosión, saneamiento, educación ambiental, protección de cuencas y área estratégicas de regulación hídrica.
  • Gestión hidrometeorológica, con la operación de alrededor de 200 estaciones que conforman la red para la medición de caudales, precipitación y clima.
  • Durante el año 2011 se realizaron transferencias de ley por más de 48.800 millones a los municipios y Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) para el saneamiento básico y el mejoramiento ambiental.
  • Protección y conservación de los predios y embalses (control de incendios e invasiones y manejo de residuos flotantes).
  • Monitoreo y seguimiento de diferentes variables físicas, químicas y bióticas en las aguas de los embalses, para el cumplimiento legal y el mejoramiento de los procesos para el manejo de impactos ambientales.


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