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APROPIAR EL CONOCIMIENTO
UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA


 








Está demostrado que una persona puede vivir sin investigación y sin ciencia; solo le basta desarrollar habilidades para manejar los dispositivos tecnológicos que el mercado ofrece como innovación. Es suficiente con que modifique sus rutinas y se deje llevar por el entretenimiento para pasar sus días sin mucho tedio. No pasa igual con las naciones ni con la especie humana. Para vivir como lo hacemos hoy, fue indispensable ir más allá de las herencias, creencias, mitos, ritos y ceremonias: poner en movimiento la razón, la duda, la búsqueda de nuevas pistas y la demostración, que nos dieron la posibilidad de encontrar alternativas al mundo de los órdenes jerárquicos incuestionables.

De la curiosidad innata pasamos a la investigación y de allí a esos modos particulares de conocer (las ciencias) que desde el siglo XVIII intervienen cada vez con más intensidad en nuestras vidas y que han hecho imposible prescindir de sus consecuencias prácticas. ¿Quién come, se viste, estudia, trabaja, ama, se entretiene o trata su salud sin recurrir a sus propuestas? Más aun, queda muy poca gente en la tierra que piense su futuro inmediato o remoto sin tener en cuenta los beneficios del conocimiento científico.

Sin embargo, el acceso a los conocimientos provenientes de la ciencia es muy desigual. Investigar y hacer ciencia y tecnología son actualmente prácticas de minorías, que tienen mayor tamaño en los países desarrollados porque los cambios culturales y políticos les han permitido entender la importancia de conocer la naturaleza y la sociedad, revolucionando sus pensamientos. En el Tercer Mundo, en cambio, apenas si superamos la curiosidad con investigaciones aplicadas que nos llenan de maravilla ante efectos que poco entendemos.

Esta circunstancia, que se comprueba con el simple hecho de ver cuáles países exportan conocimientos y tecnologías para fortalecer sus economías, y cuáles los importan tratando de ponerse al día ("modernizarse") ―pagando para que así ocurra―, se ha convertido en un modo de vida tensionante e injusto que la geopolítica describe: países hegemónicos, los que mandan, y países dependientes, los que obedecen (Cereijido, 2012: caps. 3 y 4).

Con frecuencia, muchos pueblos se resignan ante esta situación desigual heredada, como si estos siglos de pruebas y métodos para cambiar la vida no fueran suficientes. Así como hoy es nítida la verdad que desde el siglo XVIII se pregona, acerca de cómo la riqueza material y espiritual de las naciones depende directamente de su capacidad para crear conocimiento y desarrollar las ciencias y las tecnologías, también se hace evidente que mantener la resignación en nuestros países con escasa experiencia científica nos condena a las dificultades de una vida ignorante, dependiente y, por tanto, carente de iniciativa.

A principios de la última década del siglo XX, en Colombia se presentaron por fin decisiones y llamados que invitaron a un cambio de actitud. Buscando que la investigación, la ciencia y el conocimiento dejaran de ser ocupaciones voluntarias de individuos, grupos e instituciones académicas o empresariales, y ganaran el interés del Estado y la ciudadanía, el 16 de septiembre de 1993 la Presidencia de la República instaló una Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo que entre sus argumentos consideró:

Una apropiación social de la ciencia y la tecnología como la que requiere el país que todos deseamos construir implica […] no sólo adentrarnos en el vasto y complejo ámbito del conocimiento actual sino, ante todo, una transformación de nuestra relación con el conocimiento, la naturaleza de sus problemas y sus procesos de producción (Posada Flórez, 1995: 32).

A partir de la misión de sabios, como los medios de comunicación la bautizaron, se empezó a tratar la apropiación social de la ciencia y la tecnología como componente indispensable para la educación del país. Se volvieron entonces frecuentes algunos conceptos cercanos como "popularización de la ciencia y la tecnología", "divulgación científica y tecnológica" y "comunicación pública de la ciencia" (Pérez et. al, 2012).

Años después, aunque las universidades públicas y privadas y algunas empresas se dieron a la tarea de cambiar sus modos tradicionales de investigar, creando sistemas y grupos, escalafones y reconocimientos para quienes se dedicaran a la investigación, las condiciones no mejoraron visiblemente porque lo impedían las violencias internas de delincuencia común, paramilitarismo y guerrillas; la falta de decisión política de los gobiernos, los partidos y los movimientos sociales, y las condiciones de negociación impuestas por los tratados internacionales.

Fue necesario otro llamado de atención que dio origen a una nueva propuesta: la Política Nacional de Apropiación Social de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (ASCTI), 2005, que un lustro más tarde se perfeccionó con la Estrategia Nacional de ASCTI, lanzada en el año 2010.

La política de 2005 propuso Contribuir a la democratización de la ciencia, la tecnología y la innovación, fomentando procesos de construcción colectiva del conocimiento, en los que la comunidad científica, tecnológica y de innovación interactúe y reconozca actores, tanto de disciplinas de la ciencia y la tecnología diferentes a las propias, como con actores de otros sectores de la sociedad y de otras formas de conocimiento (por ejemplo, los saberes tradicionales y ancestrales) (Colciencias, 2005: 6).

Queda clara la intención democrática del planteamiento. Y es que la apropiación social no se puede pensar sin propiciar la participación ciudadana o a la generación de opinión pública y de conciencia social crítica.

Por su parte, el documento de la estrategia de 2010 propone otra definición que ayuda a entender el propósito:

La apropiación social del conocimiento es entendida como un proceso de comprensión e intervención de las relaciones entre tecnociencia y sociedad, construido a partir de la participación activa de los diversos grupos sociales que generan conocimiento (Colciencias, 2010: 22).

Han transcurrido veinte años desde la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, y aunque hay variaciones favorables en las condiciones para el desarrollo de la ciencia, como los museos interactivos en algunas ciudades, los parques biblioteca, las nuevas pautas en los planes de estudio y la inauguración de metodologías de enseñanza y aprendizaje en algunos planteles educativos, y a pesar de que han mejorado las cifras en cuanto a proyectos de investigación, grupos y número de publicaciones, la creación de conocimiento no está en el centro de la atención social, política y económica. Se insiste de manera decidida en la creación de productos y en los desarrollos tecnológicos, pero se mira con desdén a la ciencia básica.


El entorno cultural


Entre los colombianos predomina una concepción mágica y milagrosa acerca del conocimiento y de las ciencias. Prima la creencia sobre las demostraciones, el debate ideológico sobre la investigación y la prueba, o la confianza esperanzada en proyectos con acción metódica en busca de resultados.

 

El colombiano promedio admira los avances del conocimiento en las ciencias naturales, las exactas, las sociales o las ingenierías, llevado por la novedad deslumbrante, por el encanto de las tecnologías que transforman el diario vivir y lo llevan a nuevas dimensiones, o por su impacto en los modos de trabajo, el cambio de percepción acerca del tiempo y la revolución de las distancias.


Y aunque ningún ser humano puede prescindir de las creencias, las ideologías o la esperanza, cultivarlas sin ningún tipo de cuestionamientos y demostraciones nos mantiene en el campo de la emoción y el sentimiento, impidiéndonos hacer uso sensato de la valoración razonada, de la búsqueda de soluciones que la investigación proporciona para resolver problemas con pruebas relativas a la naturaleza, la sociedad o a la vida personal.


Pero si el conocimiento no tiene nada de magia, de genio inspirador ni de milagro, si su savia nutricia no es la creencia, sino que resulta del trabajo indagador de muchas personas, instituciones y entidades que la sociedad misma crea, pone en acción y modifica si la evaluación así lo reclama, entonces, ¿por qué perviven tales concepciones?


No es una sola razón la que explica este modo de ver el conocimiento. Entre sus causas están el modo mítico de divulgación que se hace en los medios masivos de comunicación y los enfoques dogmáticos que todavía no salen de las aulas, aferrados a una docencia transmisionista que fomenta la militancia ciega en un saber, en vez de recurrir al cultivo de la curiosidad, la creatividad y la acción demostrativa, o a desentrañar las claves multiculturales, históricas, sociales y científicas que le dan fundamento a las verdades que la educación promulga.


En esta combinación de maravilla y dogma reside la sobrevivencia del temor a la investigación, la falta de voluntad para la disciplina, el desencanto por la práctica científica y el descrédito de quienes ejercen estas con entusiasmo desde su juventud o de quienes enseñan a practicarlas.


Colombia necesita con urgencia nuevas campañas educativas que promuevan un cambio de enfoque entre los distintos sectores sociales. Sin aspirar a que la investigación y la ciencia se vuelvan la condición de vida para todo ciudadano, sí es posible promover su cambio de actitud. Y a este cambio quiere contribuir Propiedad Pública.


Divulgar no es suficiente, hay que formar pensamiento


El público no especializado recibe, en general, únicamente los resultados finales, los productos acabados de las actividades de la comunidad científica, pero desconoce el contexto, los procesos y las formas de producción de conocimiento o de innovación tecnológica. Una información en ciencia, tecnología e innovación que sea pertinente, precisa, accesible y oportuna podría contribuir a la toma de decisiones en la vida cotidiana de los ciudadanos (Colciencias, 2005).

La ciencia y la tecnología actúan directamente sobre la vida individual y colectiva de nuestra sociedad; sin embargo, los ciudadanos comunes, a pesar de ser usuarios y receptores de los productos de la investigación, conocen muy poco o nada al respecto.

Es claro que la acción de conocer la emprenden los individuos con sus dotaciones naturales y culturales, pero que comprender, apropiar y usar los conocimientos son tareas eminentemente sociales en tanto se encuentran mediadas por juegos simbólicos (el alfabeto, los números, las imágenes, las señales), es decir, convenciones de la cultura que no dependen del capricho personal ni de las preferencias circunstanciales. Un saber se adquiere por ejercicios de enseñanza y aprendizaje, esto es, por transmisión, estudio consciente y ejercicios, y es comprendido cuando diferentes condiciones sociales lo facilitan: desde el hogar hasta el desempeño en público, pasando por las oportunidades escolares, profesionales o del diario acontecer. Sin mediación no hay apropiación (comprensión, pregnancia), y sin comprensión no hay uso eficiente de los conocimientos.

En consonancia, la definición que más se acerca a lo que se considera "apropiación social del conocimiento" la propone el profesor Jorge Núñez Jóver, de la Universidad de la Habana:

Entiendo por apropiación social del conocimiento el proceso mediante el cual la gente: 1) participa de actividades de producción, adaptación, consumo y aplicación de conocimientos y 2) accede a los beneficios del conocimiento. Apropiación significa que el ser humano interioriza el conocimiento y lo convierte en referente para el juicio y para la actividad que desempeñe (Núñez, 2010: 85).

La especie humana ha generado la capacidad de formar, de educar más allá de la destreza práctica para repetir la acción; crea, y al hacerlo, transforma la herencia y los modos de legarla. Esta capacidad la llevó a rebasar el núcleo familiar como primer ambiente de aprendizaje, para valerse de instituciones educativas (desde el maternal hasta el posdoctorado), económicas (industria, comercio, banca), políticas (constituciones, códigos, tribunales), culturales (las artes, la moral, el derecho, las religiones) y tecnológicas (aplicaciones industriales de las ciencias).

¿Cómo se adquiere?


Ya es hora de superar la confianza en que la apropiación social del conocimiento es el resultado natural de divulgar los conocimientos, de presentar en público los resultados de las investigaciones desde los distintos ámbitos del saber. Toneladas de papel y millones de horas invierten los medios masivos y las organizaciones de divulgación, sin erradicar de las mentes esa visión mágica, heroica, portentosa y humillante que las lleva alucinadas a "pagar lo que sea" con tal de acceder a sus beneficios. Mientras no cambiemos el rumbo, la industria del deslumbramiento se fortalecerá con el uso engolosinado de las innovaciones.


Para que ocurra la apropiación se requiere un trabajo colectivo y constante en, por lo menos, cinco fundamentos:

A. El conocimiento


La falta de experiencia, argumentación y debates ha mantenido entre los colombianos la confusión entre términos como curiosidad, experimentación, investigación y conocimiento. A cualquiera que le dé por mirar qué tienen por dentro un reloj, una radio, un carro, un fogón o un computador se le identifica como posible investigador, y si lo hace muy seguido, se le cree investigador. Con bastante frecuencia los padres de familia y los centros educativos tratan de interesar por la ciencia a los niños y crean programas de edu-entretenimiento que van desde jugar a exploradores hasta "ferias de la ciencia" con resultados de experimentos, y los someten a jornadas extraescolares para entusiasmarlos por estas "prácticas científicas" en contra del ocio y los vicios, y sin más resultado que satisfacer su curiosidad circunstancial, que pocas veces se transforma en deseo de saber o en disciplina de estudio para el conocimiento.

Investigar (ir tras los vestigios, buscar pistas) no es hacer ciencia —lo saben los investigadores y los científicos—. Pero con bastante frecuencia las administraciones de instituciones universitarias, empresariales o estatales, llevadas por las circunstancias, creen hacer ciencia cuando promueven proyectos de investigación, los financian y generan nuevos productos. Presionadas por la necesidad de presentar resultados urgentes e indicadores económicos, centran sus inversiones en aplicar conocimientos científicos y desarrollar tecnologías que dinamicen la circulación de bienes y servicios para actualizar las costumbres de transporte, alimentación, vestuario, comunicaciones, vivienda, consumo libre, etc. Esta actividad es completamente válida en cualquier país, e indispensable para las relaciones internacionales y la satisfacción de los pueblos, pero insuficiente y retardataria para la creación de conocimientos si el país se dedica solo a ella.

Ciencia es un modo de pensar y de entender el mundo


Resolver un problema práctico que traiga como resultado un nuevo servicio, un bien o un artefacto tecnológico es un comienzo indispensable. Pero la ciencia va más allá: estudia el conjunto de procesos y deriva de sus observaciones experimentales nuevos conceptos, categorías, teorías, modelos, enfoques y métodos que son el nutriente propio del conocimiento científico. Son sus bases constitutivas y le permiten a los humanos inaugurar modos de ver la vida, de intervenirla y transformarla, no quedarse anclados en sus circunstancias sino proyectar nuevas dimensiones. Por ese motivo la ciencia no consiste en acumular respuestas y productos sino en formular nuevas preguntas (Meléndez, 2013: 18); cambia la comprensión del mundo y de las personas; nos hace ver la experiencia humana a través de los tiempos y, de paso, nos dota de nuevos utensilios para transformar lo que hacemos en el diario vivir.

El conocimiento implica inaugurar comprensión y debe ser de todos


El ser humano se ha valido de la ciencia y la tecnología para entender dimensiones que no están a nuestro alcance de modo natural. Su dinámica ha tenido tal fuerza durante los últimos tres siglos que ha modificado a la naturaleza hasta ponernos en alto riesgo. Y, en constantes debates e intercambios con otros modos de saber como el arte, la religión, la política, la moral o el derecho, permanentemente genera conocimiento nuevo.

Por su esencia innovadora, que interroga constantemente y busca respuestas comprobables con la experimentación, hay quienes consideran a la ciencia como la única fuente válida de conocimientos, tal como lo hizo el Círculo de Viena. Otros, en cambio, sobre todo desde los años setenta y ochenta del siglo XX ―como la Escuela de Edimburgo―, piensan que los científicos están determinados por las condiciones de conocimiento en las que se formaron. Sin embargo, ya en la segunda década del siglo XXI, nadie duda de que el conocimiento se renueva con mayor velocidad e impacto en la humanidad a partir de las ciencias y que no lo hace nadie en particular, nadie lo inventa ni lo descubre por su propia cuenta, sino que es obra colectiva (Ordóñez, 2003: 79). Y así como no es individual, tampoco son excluyentes su propiedad, su uso ni su modo de avanzar. Como el aire, es patrimonio público, no estatal, y debe circular sin restricciones porque se nutre de libertad. No permanece inmodificable porque la revisión crítica le permite transformarse. Es alimento de toda persona y sociedad, sin discriminación alguna, y se le deben las distintas formas de emancipación. Por esas razones, el conocimiento debe llegar a ser Propiedad Pública.

No es posible emprender campañas exitosas de apropiación del conocimiento sin poner en reflexión el conocimiento mismo, sus tipos, las semejanzas y diferencias entre ellos, ni las relaciones problemáticas que se dan entre la herencia empírica y la adopción de métodos experimentales hipotético-deductivos, o la inducción con bases interpretativas o hermenéuticas. Es indispensable que se haga claridad acerca de lo que implican las decisiones con respecto a los distintos criterios de veracidad: religiosos, científicos, filosóficos, artísticos, jurídicos o simplemente empíricos.

La ciencia es histórica, no se hereda


Una de las consecuencias que ha traído la divulgación al estilo de "momentos estelares" (Asimov, 1984), "grandes ideas" (Asimov, 1983) o "breve historia del saber" (Van Doren, 2006) es que los lectores quedan con la sensación de que la ciencia está hecha, ha quedado lista, y que basta con aprender los nombres famosos y las fechas de "inventos" y "descubrimientos" para dotarse de nueva mente. Y poco se hace para propiciar la captación de los procesos científicos, la apreciación de los métodos, el porqué de los resultados y la manera como emergen en condiciones concretas de elaboración (Meléndez, 2013: 15).

Para modificar nuestros pensamientos y comprender el hacer científico hay que completar la obra: a las narraciones de hechos, en sus tiempos y espacios, hay que buscarles en el fondo los cambios en los modos de conocer, sus lógicas, sus duraciones y sus ocasos. Unir historia y filosofía (Gribbin, 2011) es lo adecuado, porque la primera sin la segunda es anecdotario curioso, y la segunda sin la primera es abstracción sin fundamentos.

B. Fundamentos pedagógicos


Para no frustrar las jornadas de apropiación desde las aulas, hay que saber combinar las técnicas de enseñanza y aprendizaje ( didácticas) con los estilos cognitivos, intelectuales, de personalidad, de aprendizaje y de enseñanza presentes entre los públicos o las comunidades con que trabajemos: padres de familia que deben fortalecer su capacidad de explicar sin recurrir al misterio, la autoridad o la resignación; profesores que deben superar la idea de que "el conocimiento está hecho, listo para llevar a las aulas" a favor de una actitud indagadora; líderes de opinión que deben adquirir capacidad de argumento y demostración; investigadores y científicos que deben aprender a mirar el panorama de los conocimientos, en consonancia con su especialidad en la investigación, y ubicarse en el mundo del saber que quieren entender y aplicar.

Entrados en el siglo XXI, la estrategia que más nos facilita el proceso es la del pensamiento complejo (complexus: tejido entre tejidos), que nos permite establecer interconexiones y diferenciaciones; combinaciones y separaciones; lo genealógico y lo que emerge; lo histórico y lo circunstancial; lo particular y lo general (Morin, 1990 a 2010).

C. Fundamentos comunicativos


Una campaña por la apropiación social del conocimiento tiene mejores posibilidades de logro si hace una fuerte divulgación con bases cognitivas. No se trata de inundar con información; se trata de ganar a los destinatarios para la comprensión mediante el tratamiento interactivo de los temas, las tecnologías, las técnicas o los procedimientos. Para este propósito, se requieren dos estrategias:

- El uso simultáneo de los términos científicos y los de la lengua materna para evitar que la terminología sea la primera barrera entre los conocedores y los usuarios. Aquí es muy importante el aporte de la filología y los diccionarios especializados, así como la capacidad pedagógica.

- Disponer de tecnologías que permitan la interacción y el intercambio de ideas, pareceres, argumentos y destrezas entre las partes. Hay que evitar que la entretención desconcentre al usuario y lo lleve a la lúdica en sí: "no entendí nada pero me entretuve mucho, pasé muy bueno". El testimonio de un joven músico de la ciudad de Medellín es claro:

Son numerosos los aspectos de nuestra vida cotidiana que están tocados por la ciencia y muchos de estos se ven reflejados en las tecnologías que utilizamos a diario: las redes, los instrumentos creativos, los métodos software/hardware para la exploración de fenómenos del universo, la comprensión de las artes, la difusión abierta de información, las inmensas posibilidades de comunicación, la construcción de comunidades y entornos de opinión, el descubrimiento de elementos relacionados con búsquedas particulares, la capacidad de comprender la realidad y entender procesos de la complejidad a partir de simples herramientas interactivas, virtuales, audiovisuales, etc. […] Si le enseñaran desde el principio a comprender ese rol de la tecnología dentro de los diversos sistemas de ideas y relaciones que existen, podría uno, desde muy temprana edad, hacer un uso coherente y profundo de dichas herramientas. Yo creería que una forma de hacer que la educación científica vaya más lejos y profundo de lo que es hoy entre los jóvenes a quienes está destinada la propuesta es también planteando y buscando una forma novedosa de divulgar y enseñar el conocimiento en la sociedad (Isaza, 2013: s.p.).

D. Fundamentos políticos

 
Es urgente emprender un trabajo de formación entre los usuarios, que les permita identificar la herencia social, los determinantes sociales, en todas las acciones relativas a la creación y puesta en servicio público de los distintos conocimientos. No solo por los impuestos que pagan para hacerlas posibles o por la participación laboral en ellas, sino también por la oportunidad de contribuir a remover prejuicios, a valorar el trabajo intelectual y a promover la búsqueda de equidad y responsabilidad social.


Este aspecto necesita un trabajo fuerte de cultura política que permita la toma de conciencia acerca de la importancia de participar en la definición de políticas públicas y en la veeduría de la gestión gubernamental en los distintos ámbitos.


E. Fundamentos éticos y estéticos


Los investigadores y las instituciones que los alojan no tienen legitimidad por sí mismos. La deben conquistar con sus procedimientos. Todo conocimiento se crea con la pretensión de ponerse al servicio del ser humano y del entorno, no al revés, y en esta medida los rigen las condiciones morales (el deber ser, orientado hacia el cumplimiento pleno de los derechos humanos y la realización libre de la naturaleza) y las demandas éticas (proceder con arreglo a las convenciones de la cultura que buscan el mayor bien para el mayor número de personas). En condiciones similares, no es admisible que el conocimiento carezca de conciliación poética. Hacerlo "de cualquier manera" no es fórmula válida. La creación de conocimiento, en consonancia con los métodos científicos, tiene sus requerimientos estéticos que, sin derivar en arte, no pueden prescindir de la búsqueda de lo bello, lo conmovedor y lo sensible. Dos ejemplos recientes son las obras El incendio de Alejandría (Luminet, 2003) y El origen del universo (Hawking, 2012).


Un cuestionamiento con respecto al papel de la ética en la generación de conocimiento lo hace Jaques Marcovitch: "¿Qué puede hacer la universidad para transformar el conocimiento en un instrumento de integración en vez de exclusión, de la paz y no de la guerra, de beneficios y no de prejuicios sociales? Este es uno de sus grandes desafíos en el terreno de la ética" (2002: 38). Este desafío compromete a todos los actores en el proceso social de creación de conocimientos.

Reconocimiento de los derechos de investigación

 
Dado que las ciencias son patrimonio de la humanidad, los seres humanos participamos de modos distintos en la identificación, el diseño o la generación de conocimientos. Por esta condición desigual, el Estado Social de Derecho reconoce la propiedad intelectual en forma de derechos de autor, morales y patrimoniales. A quienes dedican su vida, su tiempo o su fortuna al mundo del saber, en forma de ciencias, tecnología o técnicas, religión, filosofía, arte o política, les permite que adquieran beneficios propios. Nos pone en condiciones de negociación para acordar por cuánto tiempo habrá exclusividad en el aprovechamiento de aplicaciones prácticas, de secretos industriales y de posibilidades de divulgación. Para ganar fortaleza en este punto, la única alternativa es crear condiciones de comprensión para sectores cada vez más amplios de la sociedad.


Algunas experiencias anteriores


Como resultado de estas reflexiones, la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia ha adelantado varias iniciativas con orientación similar:


Proyecto Ágora: historia de las ideologías políticas, es una contribución al estudio de la vigencia de las ideologías políticas en el siglo XXI. Identifica los fundamentos de las grandes religiones civilizatorias de la humanidad y revisa las principales ideologías que han servido de base para las transformaciones del poder político en el mundo. Disponible en: http://terranova.udea.edu.co/agora


Todos somos historia: Este proyecto reúne 72 investigaciones acerca de las historias culturales en doscientos años del proceso de independencia en Colombia. Contiene aspectos fundacionales de la república, estudios sobre los controles y las instituciones necesarios para la nueva nación, y temas relacionados con el diario acontecer. Presenta un estudio introductorio con las principales tendencias de investigación en estos aspectos de la historiografía mundial de los últimos veinte años. Disponible en: http://www.canalu.com.co/tsh


Otras experiencias que contribuyen a la apropiación social del conocimiento:


Cuál es SIU cuento. Universidad de Antioquia: La Sede de Investigación Universitaria (SIU) quiso contarle a la sociedad todos los cuentos que en su interior se imaginan, se trabajan y se hacen realidad, los resultados de las investigaciones multidisciplinarias y de la generación de conocimiento útil para la comunidad, así como las historias que día a día contribuyen al desarrollo del país desde los campos más avanzados de la ciencia. La SIU pone al servicio de la producción nacional, la universidad, la empresa y la sociedad todos los resultados de la investigación que en ella se consolidan. Disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=5F7iapk8cdA

http://www.youtube.com/watch?v=LcVXzd50FOE&feature=related


Unimedios. Universidad Nacional de Colombia: Divulga los avances producidos por sus investigadores en ciencia, arte y tecnología. Sus medios son: agencia web, televisión (red interna y Canal U), UN Radio, UN Periódico y dos revistas. Se mueve constantemente y produce y promulga a diario información universitaria. Disponible en: http://www.unimedios.unal.edu.co


Agencia de Noticias Eafit: Su finalidad es divulgar los adelantos que en materia de investigación se gesten en esta universidad. Disponible en: http://www.eafit.edu.co/agencia-noticias/Paginas/inicio.aspx


Nuestra oferta


Propiedad Pública, acorde con los desarrollos y posibilidades que nos ofrecen las TIC, busca que los usuarios comprendan lo que hacemos los colombianos con proyectos estratégicos de investigación, pertenecientes a distintas áreas del conocimiento, y con referencia a su historia en el país, los métodos aplicados, los resultados y sus perspectivas.


Propiedad Pública es el producto de un trabajo concienzudo entre catorce universidades y ocho organizaciones empresariales del país que se asociaron con sus investigaciones e invirtieron proporcionalmente en su financiación. Cuenta con los siguientes medios: una serie de televisión, una de radio, otra de artículos de prensa y otra de historietas, todas ellas con cuarenta y ocho entregas. Tiene además una aplicación multimedia y un sitio web.





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