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MOSQUITOS TRANSMISORES
UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA SEDE MEDELLÍN











Introducción


Los insectos constituyen uno de los grupos de animales más fascinantes sobre la tierra. Son muy abundantes, se encuentran en todos los climas y regiones y cumplen importantes papeles en sus relaciones con el hombre y otros animales. Para estudiarlos con mayor facilidad, igual que a otros organismos, los insectos se han dividido en grupos según las características que comparten. Una de las agrupaciones son los órdenes, que incluyen insectos semejantes en aspectos como la forma y el número de las alas, el modo de alimentarse y los sitios donde viven. El orden diptera ("dos alas") incluye los conocidos como moscas y mosquitos. Este orden está considerado uno de los más diversos del planeta, con más de 90.000 especies descritas. Los dípteros son de amplia distribución y tienen gran importancia económica en la agricultura, la salud animal y la salud humana. En particular, los insectos comúnmente llamados "mosquitos" son ampliamente reconocidos por su papel como vectores o transmisores de parásitos y patógenos que causan enfermedades en los humanos, el ganado, las aves y otros vertebrados.


La importancia que se le ha dado al estudio de los mosquitos se basa principalmente en el hábito alimenticio de las hembras. Estas se alimentan de sangre, y muchas especies pican a humanos y animales, actuando como vectores en la transmisión de enfermedades importantes (Borror et al, 1989).


Estos insectos tienen la capacidad de colonizar rápidamente hábitats acuáticos (charcos, lagos o aguas estancadas) a partir de la postura de los huevos (oviposición) por las hembras, que son las que pican y se alimentan de sangre, necesaria para formar sus huevos. Una vez los huevos están en los depósitos de agua llamados criaderos, empiezan a crecer y desarrollarse hasta llegar a ser adultos. Los estados que viven en el agua se conocen como estados inmaduros y son llamados larvas (pequeños gusanos) y pupas (pequeñas bolsas de forma ovoide o tubular y poco móviles); estos son uno de los blancos de control de las enfermedades más importantes: si se eliminan en estado inmaduro, no habrá mosquitos adultos machos ni hembras para producir descendencia. Los adultos se alimentan de sangre de animal o humana infectada y continuarán la transmisión al picar a individuos sanos.


Aunque se cree comúnmente que la mayoría de las especies de mosquitos ponen sus huevos y se desarrollan en acumulaciones artificiales de agua como tanques, llantas, botellas y plásticos, una gran cantidad de especies usa también recipientes naturales formados por las plantas en los jardines y bosques, como huecos de árboles, plantas que conservan agua en sus hojas y cáscaras de frutos o semillas, llamados fitotelmata (plantas como recipientes de agua). Estos recipientes han sido poco estudiados como criaderos, lo que significa que no se conoce mucho sobre las especies que viven en fitotelmata, ni cuáles son los parásitos o virus que transmiten, o cómo se relacionan con los humanos o animales que viven o trabajan cerca, o que se internan en los bosques a realizar paseos eco o agroturísticos.


En un país como Colombia es de gran importancia evaluar la relevancia médica de los mosquitos que se crían en los fitotelmata, con el fin de proponer medidas y estrategias para disminuir sus poblaciones y evitar el contacto del ser humano con dichos mosquitos transmisores.


El paso inicial para entender la transmisión de enfermedades en ambientes donde se encuentran cultivos y bosques, y donde las plantas son efectivos sitios de cría por la acumulación de agua, es visitar estos lugares, ver cuáles plantas son usadas por los mosquitos, si los mosquitos pican solo al hombre, a los animales o ambos, a qué horas pican, cómo es su abundancia y cómo es su actividad y el entorno en el que viven.


Este tipo de estudios incluyen la taxonomía, biología y ecología de los mosquitos y son realizados por profesionales llamados entomólogos (entomo = insectos, logos = estudio o tratado).


Una amplia variedad de parásitos y patógenos se encuentran en la naturaleza, en ciclos donde participan vertebrados que los alojan (hospederos) y mosquitos que se alimentan de sangre (dípteros hematófagos) y que los transmiten. Los ciclos de las enfermedades transmitidas por insectos vectores consisten en una interacción dinámica entre el vector, el patógeno, el hospedador vertebrado y el medio ambiente.


En el caso de los mosquitos, como en el de otros vectores, es muy importante conocer su identidad, es decir, a cuál especie pertenecen. La especie es como el nombre y apellido del mosquito, y al conocerla sabremos todo sobre él y podremos entender, por ejemplo, cómo es la relación parásito-mosquito-transmisor, cómo es la especificidad entre un mosquito y el hombre o animal que pica, y otros aspectos que afectan directamente la capacidad del mosquito para facilitar la infección y aparición de enfermedad.


Se conoce, por ejemplo, que al picar, diferentes especies de mosquitos pueden ingerir la misma dosis de sangre con patógenos o parásitos, pero sus picaduras ocasionan diferentes tasas de infección y transmisión. Adicionalmente, la identificación del vector permite avanzar en el estudio de aspectos biológicos y ecológicos de las especies y determinar riesgos y sitios potenciales de transmisión al conocer el sitio y momento donde se da el contacto a través de la picadura, así como el diseño y planeación de actividades de monitoreo y control. Estas actividades incluyen la educación de la comunidad para que sepan cuáles son los mosquitos, dónde viven, las enfermedades que transmiten, la protección mediante repelentes o toldillos según la situación y el control de los mosquitos al eliminar los criaderos o aplicarles insecticidas a los adultos.


Uno de los aspectos de interés en el estudio de los mosquitos vectores o transmisores de enfermedades lo constituye, como se mencionó, la identificación de los sitios usados como criaderos, en particular por especies poco conocidas y comúnmente llamadas selváticas, pero cuya importancia aumenta en la medida que crece la intervención humana por la expansión de la frontera agrícola y el turismo ecológico (Murillo et al., 1988). Esto es una realidad, porque para producir alimento el hombre modifica el medio ambiente y se adentra en los bosques. De la misma forma, las luces de las casas y demás construcciones en los ecosistemas boscosos atraen a los mosquitos, y de esta manera se modifican y alteran los patrones y ciclos de transmisión.


En el caso de los ecosistemas boscosos, se conoce que los troncos de los árboles constituyen los criaderos más favorables. Por ejemplo, los guaduales, que corresponden a formaciones gramíneas muy comunes en los trópicos, representan uno de los hábitats más favorables para la cría de larvas de mosquitos. Al parecer, el acceso al interior de los entre nudos de los tallos es facilitado por otros animales (como aves y otros vertebrados o invertebrados) que causan perforaciones en la madera, y los mosquitos han desarrollado estrategias para poner sus huevos en estos orificios bajo condiciones naturales (Cyrino y Lopes, 2001; Alfonzo et al. 2005).


El proyecto


En esta investigación se ha estudiado la presencia de mosquitos asociados a bromelias y guadua en departamentos de influencia del cultivo del café y sitios ecoturísticos, donde es frecuente la presencia de estas plantas, que sirven de criaderos. Entre los municipios estudiados están Jardín e Hispania en Antioquia, Anserma en Caldas, y Bahía Solano, Acandí y Nuquí, en Chocó. En general, se ha llevado a cabo el proceso de reconocimiento y registro de las especies de mosquitos que viven asociadas a los diferentes tipos de recipientes naturales de agua formados en plantas y se ha realizado su observación y descripción morfológica con la ayuda de microscopios. Además, se ha realizado el estudio de su ADN (molécula de la vida ácido desoxirribonucleico, que es única en cada individuo). Los estudios detallados de la forma y las moléculas son las herramientas más importantes para determinar las especies y para saber si se trata de las conocidas o si estamos encontrando otras. También se ha estudiado la distribución y la importancia de cada una de las especies en el contexto de la transmisión de enfermedades; es decir, si transmiten parásitos como el causante de la malaria o virus como los causantes del dengue.


El muestreo incluyó la búsqueda de larvas en plantas que permiten la acumulación de agua y la medición de diferentes variables de los criaderos (altura a partir del suelo, volumen de agua contenido en el criadero y área). También se midió la distancia desde los criaderos hasta el asentamiento humano más próximo. Los mosquitos inmaduros, colectados en los criaderos con la ayuda de pequeñas pipetas plásticas, fueron transportados y criados en condiciones controladas de laboratorio para obtener series completas. Una serie incluye las exuvias o pieles de las larvas ya que estas cambian de piel cuatro veces para poder crecer, las pieles o restos de las pupas (de donde salen los mosquitos formados), y los adultos como tal. Todo este material se observa y describe cuidadosamente bajo el microscopio, se dibuja y se compara con estudios previos de especialistas para realizar la identificación taxonómica de la especie. Aquí es importante la capacidad de observar variaciones en la morfología, o la presencia de pelos y estructuras diminutas típicas de una u otra especie.


Para obtener las pieles que las larvas dejan cada vez que el insecto crece, es necesario realizar la cría y alimentación en el laboratorio. Este proceso dura entre uno y dos meses, dependiendo del tamaño en el que se colectaron las larvas en el campo, e incluye una cuidadosa observación para evaluar su crecimiento y retirar las pieles que quedan. Estas se depositan previo tratamiento y coloración en placas microscópicas para observar los detalles y variaciones entre especies. Además, los adultos son montados en alfileres y estudiados cuidadosamente en aspectos como tamaño, color, forma de las antenas, disposición de las escamas y otras variantes morfológicas. Un aspecto determinante para identificar la especie es la disección de los genitales del macho. De forma muy cuidadosa, y bajo estereomicroscopio, se disecan y colorean sus estructuras y se realizan observaciones y mediciones que permiten determinarlas.


En el campo se evalúan muy bien las plantas y se analiza de cuáles especies provienen, para determinar los criaderos y especies más importantes desde el punto de vista de la salud.


Los resultados del presente estudio se constituyen en un valioso aporte al conocimiento de los mosquitos del país, con implicaciones en la vigilancia, la prevención y el control de las enfermedades transmitidas por estos insectos. Cuando se realizan de la mano de las autoridades de salud y ambientales, como en este caso, el impacto sobre la comunidad y las dinámicas de transmisión es mayor y se pasa de la entomología y el estudio de los vectores a la epidemiología y el control de las enfermedades, que en este caso son llamadas "enfermedades tropicales".


Clasificación e importancia médica de los mosquitos


Los mosquitos pertenecen a la familia Culicidae, que a su vez hace parte del orden Diptera (Linnaeus, 1758) de la clase Insecta. Los dípteros cuentan con un par de alas funcionales, es decir, que sirven para el vuelo, y con otro par de alas muy reducido, denominadas halterios o balancines, que actúan como órganos para el equilibrio durante el vuelo (Rossi y Almirón, 2004).


Los mosquitos, como comúnmente se conoce a los miembros de la familia Culicidae, al igual que otros insectos, han evolucionado con metamorfosis completa, el más alto grado de adaptación. Presentan varios estados en su ciclo de vida: huevo, cuatro momentos larvales, pupa y adultos (machos y hembras). Los huevos y pupas de estos insectos son etapas de transición entre los modos de vida acuática y terrestre y sus larvas frecuentemente muestran el desarrollo de estructuras especializadas, esenciales para la vida en el agua (Merritt et al, 1996). Por tanto, desde el punto de vista ecológico, cada especie de Culicidae se comporta como si fuera dos poblaciones distintas, ocupando lugares diferentes en la fase inmadura y la fase adulta. Sin embargo, estas fases son interdependientes desde el momento de la puesta de huevos, que determina el tipo de ambiente ecológico en que se desarrollan las larvas y las pupas (Forattini, 2002).


Aspectos formales


Los adultos de Culicidae presentan el cuerpo dividido en tres regiones (cabeza, tórax y abdomen); poseen un par de antenas, un par de alas y tres pares de patas alargadas. La proboscis o aparato bucal es delgada y mucho más larga que la cabeza. En general, los palpos o estructuras táctiles del aparato bucal de los machos son tan largos como la proboscis (Stone, 1981). Además, los adultos se distinguen de otras familias por la prolongación de las partes bucales y la presencia de escamas en las alas (Ward, 1982).


Los estados larvarios son acuáticos, y los adultos pueden reconocerse por la venación característica de las alas, las escamas a lo largo, y la extensión de la proboscis más allá del clipeus (placa dura que conforma el aparato bucal) (Baddi et al, 2006)


La característica de mayor importancia taxonómica es la presencia de una vena sencilla entre dos bifurcadas, y la ausencia de ocelos (estructuras pequeñas como ojos que se encuentran en la parte superior o lateral de la cabeza de algunos insectos) (Morón y Terrón, 1988)


Ciclo de vida y hábitos


Los mosquitos se crían en muchos lugares, incluyendo contenedores de agua natural y artificial. Algunos mosquitos, como el Aedes y el Psorophora (mosquito del dengue o zancudo patiblanco), se crían en charcos de bosques y pantanos salinos. Otros, como el Culex (zancudo), por lo general se crían en contenedores artificiales (botes, botellas, llantas, floreros, etc.) (López et al., 1995). Muchas especies se crían en grandes cuerpos de agua, hoyos o contenedores artificiales y pueden continuar criándose a través del tiempo si las condiciones son favorables (Borror et al, 1989).


La mayoría de los mosquitos tienen ciclos de vida y hábitos similares, aunque entre los géneros se aprecian diferencias. Las hembras del género Anopheles (conocido en algunas regiones del Pacífico como mosquito clavo), por ejemplo, ponen sus huevos solitarios. Las hembras del género Aedes depositan sus huevos próximos al agua, en forma individual. Las hembras del género Culex ponen sus huevos en la superficie del agua.


Las larvas de los mosquitos se pueden encontrar en una amplia variedad de hábitats, principalmente en lénticos o en aguas con poco o ningún movimiento, como lagos, charcos, pantanos, ciénagas, huecos de árboles, hojas de plantas, orillas o remansos de arroyos y ríos; de hecho, en cualquier depresión o en contenedores donde el agua se acumula. Frecuentemente se encuentran en aguas salobres y en marismas.


La urbanización y la industrialización han incrementado un vasto número de contenedores artificiales de agua, como enormes depósitos de almacenamiento, envases desechados o llantas, que les sirven a las larvas para su desarrollo.


Las larvas de la mayoría de las especies se alimentan de algas y desechos orgánicos. Las larvas de los mosquitos reúnen materiales que se acumulan en la película superficial de los cuerpos de agua; estas microcapas de la superficie están muy enriquecidas de materia orgánica y microorganismos, si se comparan con el resto de la columna de agua. Otras larvas generan sus propias corrientes de alimentación, y por barrido con sus cepillos bucales atrapan la materia orgánica. Algunas especies de géneros como Psorophora y Toxorhynchites son activos depredadores y frecuentemente se alimentan de otras larvas de mosquitos.


La mayoría de las larvas de los mosquitos permanecen en la superficie de los contenedores artificiales de agua, o bien regularmente acuden por el aire hasta ellos. Se tienden en una posición horizontal o cuelgan la cabeza hacia abajo de la superficie, lo cual ayuda a identificar el grupo y la especie a la que pertenecen.


En las larvas de Mansonia (zancudo), el sifón o tubo respiratorio está modificado para perforar los tallos y raíces de plantas bajo el agua y así obtener oxígeno. Las larvas de Anopheles viven principalmente en charcos, pantanos y lugares donde hay vegetación abundante; carecen del tubo inhalador y respiran a través de un par de placas espiraculares localizadas en la porción final posterior del cuerpo (Borror et al, 1989).


Las pupas de los mosquitos son también acuáticas y se diferencian de la mayoría de las pupas de insectos: son muy activas. Respiran en la superficie del agua a través de pequeñas estructuras como trompetas, localizadas en el tórax. Las del género Mansonia lo hacen bajo la superficie del agua, igual que sus larvas.


Los mosquitos adultos son generalmente activos en el crepúsculo y la noche o bajo sombra densa. Muchos pasan el día en huecos de árboles, bajo alcantarillas o lugares similares de descanso. Solo las hembras chupan sangre; los machos (y ocasionalmente también las hembras) se alimentan de néctar y otros jugos de plantas (Borror et al, 1989).


Depósitos de agua en las plantas


Los hábitats fitotelmata se definen como ambientes acuáticos localizados en el interior o sobre la superficie de las estructuras de las plantas (Vargas, 1928, citado por Louton, 1996). En la literatura se mencionan 29 familias con características que las convierten en fitotelmata, y al menos 1.500 especies de plantas aparecen registradas como tales (Fish, 1983 citado por Machado-Allison et al, 1986). Entre las familias mencionadas se encuentran Araceae (generalmente epífitas con raíces flotantes), Bromeliaceae (bromelias) y Heliconiaceae (heliconias), además de la subfamilia Bambusoideae (bambús), de la familia Poaceae (llamadas también gramíneas o verdaderos pastos) (Machado-Allison et al, 1986; Murillo et al, 1988; Ospina et al, 2004; Hutchings et al, 2005; Ospina-Bautista et al, 2008).


Debido a la disponibilidad de los recursos hídricos y los nutrientes resultantes de las condiciones de contenedores acuáticos vegetales, estos se convierten en sitios de crecimiento y desarrollo de diversos grupos de macroinvertebrados. En el caso particular de los mosquitos (clase Insecta: orden Diptera) de la familia Culicidae, estudiados en el presente proyecto, su abundancia y diversidad en fitotelmata puede explicarse a partir de las adaptaciones que tienen para conseguir alimento y respirar y por los hábitos de oviposición de las hembras especializados sobre medios acuáticos.


En bromelias


Las bromelias son de singular importancia como criaderos naturales de mosquitos. Estas plantas que crecen sobre otras plantas, asociadas principalmente a troncos de árboles en los ecosistemas boscosos, pueden almacenar fluidos y hojarasca durante todo el año, y debido a la superposición entre las vainas y las hojas, albergan agua donde se crían larvas de mosquitos, incluyendo especies de importancia médica. Estas plantas han sido por lo general más estudiadas que las guaduas como criaderos naturales de mosquitos. Entre las especies de mosquitos asociadas a las bromelias, algunas de las más importantes pertenecen a los subgéneros Kerteszia de Anopheles, Wyeomyia spp. y Aedes albopictus, que transmiten la malaria, el virus Ilheus y el dengue, respectivamente (Gadhela, 1994, Forattini, 2002, Lounibos et al., 2003).


Los estados inmaduros de mosquitos provenientes de bromelias se colectaron directamente de axilas foliares en el municipio de Jardín (Antioquia) y en las localidades de Jurubidá y El Aguacate, de los municipios de Nuquí, Acandí y Bahía Solano (Chocó), respectivamente. Los muestreos de bromelias incluyeron tres tipos de cobertura: borde, bosque y potrero. Las muestras vegetales de las bromelias fueron colectadas e identificadas por personal especializado del herbario de la Universidad de Antioquia, para posteriormente evaluar la posible relación entre especie de bromelia y especie de mosquito; el muestreo en bromelias se realizó tomando dos plantas al azar en cada tipo de cobertura.


En las bromelias se encontraron más de 10 especies de mosquitos, que fueron ampliamente estudiadas en el laboratorio y entre las cuales se considera la existencia de al menos dos nuevas especies que están en proceso de descripción.


La importancia de una de las especies encontradas en Chocó, llamada Anopheles neivai, que vive en las bromelias, está relacionada con su capacidad de transmitir malaria, una enfermedad que afecta a miles de personas en el país; se encontró además en el Pacífico, infectada con un virus llamado Guaroa. Igualmente, se encontraron por lo menos otras dos especies involucradas en la transmisión de diversos virus, como el de la fiebre amarilla, y al menos otros cinco virus que afectan al hombre y a los animales, con síntomas que son similares a los del dengue y que a menudo se confunden con este.


Desde la salud pública, y en términos del papel que desempeñan los fitotelmata como criaderos de mosquitos de importancia médica, la familia de bromelias ha sido la más ampliamente estudiada. Son plantas epífitas que almacenan fluidos y hojarasca durante todo el año debido a la formación de contenedores por la sobreposición de las vainas en las hojas. Tienen alta complejidad estructural y persistencia de hábitat, el cual sustenta comunidades de insectos y en particular de mosquitos.


La relevancia de las bromelias como criaderos de especies de importancia médica ha sido reconocida desde tiempo atrás y aumenta considerablemente en relación con actividades como la expansión de la frontera agrícola ―el aumento de los cultivos y la ganadería, incluyendo tierras que antes eran boscosas y selváticas― y con el turismo ecológico, que facilita el contacto del hombre con los mosquitos, y en particular con especies que, si bien son consideradas silvestres, precisan ser mejor estudiadas y entendidas en cuanto a la transmisión de parásitos y patógenos.


Según la revisión cronológica de la literatura, hasta 1940 la mayoría de los estudios hicieron énfasis en criaderos artificiales y en mosquitos relacionados con la transmisión de la malaria. En 1941 se inició el estudio de los hábitats fitotelmata constituidos por bromelias epífitas de los bosques lluviosos de la región tropical de América (Murillo, 1988), y de otros recipientes naturales. Entre los estudios más relevantes de criaderos naturales de mosquitos se encuentra el de Galindo et al. (1955), quienes estudiaron en Panamá los mosquitos presentes en huecos de árboles, con énfasis en aspectos ecológicos y de historia de vida, y en relación particular con los transmisores de fiebre amarilla, como el género Haemagogus y el subgénero Finlaya de Aedes. Este estudio permitió avanzar en el entendimiento de la epidemiología de la enfermedad.


A la fecha existe para el mundo, y en particular para la región Neotropical, abundante literatura que relaciona el uso de bromelias con mosquitos y proporciona detalles ecológicos sobre dicha asociación. En el caso de las especies asociadas con la transmisión potencial de agentes causantes de enfermedades, es claro que el número de investigaciones aumenta en razón de su importancia médica y en relación con aspectos relevantes en programas de vigilancia y monitoreo de enfermedades tropicales (anexo 1).


En el caso de las especies pertenecientes al grupo (subgénero) Kerteszia de Anopheles, registradas en bromelias y de importancia en la transmisión de malaria, es de especial consideración la posible existencia de un complejo de especies difícilmente diferenciables según la apariencia o las características morfológicas de los adultos, y la necesidad de avanzar en estudios con base en inmaduros y en caracteres moleculares como el ADN, que permitan determinar con precisión las especies presentes y el papel desempeñado en la transmisión.


En guadua


Además de las bromelias, la guadua (familia Poaceae, subfamilia Bambusoideae) es también considerada un fitotelmata de importancia como criadero de mosquitos. Generalmente, esta planta exhibe agujeros como resultado de la intervención de animales y humanos, los cuales permiten la acumulación de agua, y los tocones o fragmentos restantes después del corte se comportan como recipientes que pueden albergar hasta un litro de agua. Diversos estudios registran en guadua la presencia de especies de mosquitos, algunas de las cuales poseen reconocida importancia médica (Skuse, 1894), como el vector natural del virus del dengue y del virus de la encefalitis japonesa. Además, en estas plantas se han encontrado otras especies de mosquitos.


Algunos estudios han corroborado la importancia de la guadua como criadero natural, y aunque las larvas de mosquitos se encuentran más en recipientes artificiales, como las llantas abandonadas, una mayor diversidad de especies se concentra en los cortes de guadua (López et al, 1995).


La utilización de trampas de guadua como contenedores de agua que simulan sitios de oviposición naturales ha permitido avanzar en el conocimiento de las especies de mosquitos presentes en zonas geográficas de interés ecológico y epidemiológico. Así mismo, en países como Brasil y Venezuela, su uso ha permitido precisar características como composición del agua, tamaño de los contenedores y distribución vertical de los sitios de oviposición.


En Colombia, los estudios sobre el papel que este bambú desempeña como criadero de mosquitos de importancia médica son muy escasos, a pesar de la importancia de la guadua como cultivo, de su gran abundancia y de la diversidad de mosquitos registrados en países cercanos como Venezuela, Perú y Brasil. El estudio en Colombia cobra gran interés, en especial si se considera que la guadua constituye un excelente recurso renovable, de rápido crecimiento y fácil manejo, y que representa un medio de sustento y beneficios económicos, sociales y ambientales para las comunidades rurales del país (Ezpeleta, 2004). Esto es especialmente cierto, ya que la conservación de plantíos de guadua en las zonas cafeteras se promueve como una manera de mantener los recursos hídricos y dado que existe un creciente uso de la guadua en artesanías, muebles y construcción (Ezpeleta, 2004), lo que facilita el contacto del hombre y los animales con los mosquitos. La conservación de esta planta para el mantenimiento de fuentes naturales de agua destinada al cultivo de café y plátano en zonas cafeteras se ha constituido en una prioridad, fomentada por las corporaciones regionales y la Federación de Cafeteros. En este sentido, se prevé que algunos aspectos relacionados con las prácticas de manejo y comercialización del cultivo de la guadua, sumados al desconocimiento de su importancia como criadero potencial de mosquitos, pueden constituir un riesgo potencial para la salud pública.


A pesar de su importancia en salud pública, estos insectos han sido pobremente evaluados. En general, las especies de mosquitos asociadas a la guadua se consideran silvestres, aunque, como se mencionó anteriormente, su importancia aumenta en la medida en que los parches de guadua se ubican en áreas urbanas o cercanas a lo urbano e involucran el contacto directo con los humanos, y en relación con la probable presencia de especies involucradas en la transmisión de parásitos y virus.


Para nuestro proyecto se tomaron muestras de inmaduros en tres tipos de criaderos: tocón, entrenudo perforado y guadua caída (recipiente). Los métodos empleados tomaron como base la relación entre el tiempo de captura y el número de ejemplares recogidos. Se encontraron al menos diez especies; de ellas, la denominada Trichoprosopon digitatum se considera muy importante en la transmisión de al menos cinco virus en Centro y Suramérica. Otras especies encontradas en guadua se relacionan también con la transmisión de virus como el de la fiebre amarilla y otros virus que causan síntomas similares.


En zonas de manglar


Otra zona de particular interés para el país, en términos de biodiversidad, agricultura y turismo, y donde los criaderos naturales de mosquitos pueden representar un riesgo para la salud por la presencia de especies vectores, es el Chocó biogeográfico. Esta es considerada una de las regiones del mundo con mayor riqueza en recursos naturales, con diversidad de especies, plantas y animales endémicos, y cuyas condiciones geomorfológicas y climatológicas han permitido la existencia de zonas de manglar que albergan un gran número de bromelias.


Debido a que una de las principales actividades económicas de ese departamento es el turismo ecológico, se sugiere un constante monitoreo y vigilancia epidemiológica para enfermedades como la malaria y otras causadas por arbovirus o virus transmitidos por insectos, en particular en las localidades más visitadas por turistas como Nuquí, Quibdó y Bahía Solano, cuya actividad turística se ha incrementado recientemente.


Es importante destacar que el desarrollo de esta investigación ha requerido viajes y contactos con entidades como la Federación de Cafeteros, los centros médicos y las secretarías de salud; de la misma forma, con los cafeteros, personas dedicadas al cultivo y explotación de la guadua, pescadores y otros habitantes del Pacífico colombiano. Este contacto incluyó la colaboración de la comunidad para identificar los criaderos, colectar los mosquitos y trasladarlos al laboratorio. Las personas se han involucrado y aprendido acerca de la presencia y la importancia de estos mosquitos en cercanías a sus sitios de vivienda y trabajo, sobre las enfermedades transmitidas y la forma de protegerse y prevenir la transmisión. También han aprendido a reconocer síntomas de la enfermedad, a acudir a los servicios de salud cuando los tienen, a valorar el hecho de que las autoridades médicas están en capacidad de atenderlos y a identificar la importancia de tratarse para mejorar su salud.


Para fortalecer la campaña educativa, se diseñó una cartilla con gráficos y explicaciones sobre la presencia de mosquitos en guadua, que fue entregada como parte del proyecto a los trabajadores de guadua y a las autoridades en los departamentos de la zona cafetera. En la cartilla incluye fotos explicativas sobre la apariencia de los mosquitos, la forma como se ven los criaderos y las medidas culturales prácticas para conocer y evitar el contacto con los mosquitos, con lo cual se logró un excelente impacto en el conocimiento y la prevención.


Varios estudiantes de los primeros semestres de las universidades Nacional y de Antioquia, que querían pertenecer al semillero de investigación, participaron en las salidas de campo y en los experimentos de cría de los mosquitos en el laboratorio. Otros estudiantes más avanzados participaron esta investigación con sus tesis. Unos y otros recibieron entrenamiento por especialistas en laboratorios especializados, como el de Entomología Médica de la Universidad de Antioquia, el Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales (PECET) y también, a nivel internacional, el Centro para el Control de Enfermedades de los Estados Unidos. El gobierno, a través de Colciencias y la Universidad Nacional, proporcionó becas para que los estudiantes realizaran las salidas de campo o los viajes a diferentes ciudades y centros para ser entrenados. También salieron con los investigadores a presentar los resultados en conferencias y congresos, donde recibieron críticas constructivas y recomendaciones para mejorar la profundidad y el impacto de la investigación.


La investigación continúa y se amplían las localidades del país y los detalles estudiados sobre las especies y los virus o parásitos que se transmiten. En el laboratorio se han establecido protocolos de trabajo y se han mejorado las instalaciones y equipos para volverse un grupo especializado en este tipo de estudios y usar tecnologías modernas, como los Sistemas de Información Geográfica, la modelación y otros aspectos de la estadística, la bioinformática y la computación.





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