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MOSCAS DETECTIVES
TECNOLÓGICO DE ANTIOQUIA











La investigación criminal es una ciencia compleja; cada criminal cree que su "forma" de cometer un crimen es perfecta, que no será descubierto. Sin embargo, no existen crímenes perfectos: la naturaleza siempre se encargará de hacerles una mala jugada a los delincuentes.

En la naturaleza, un cadáver no es más que una fuente de alimento para muchos organismos, en particular para insectos de hábitos carroñeros, como las moscas y algunos escarabajos, que al ser los primeros en entrar en contacto con el cadáver, dejan una impronta silenciosa e invisible al ojo humano. De esta manera, días, o incluso horas después, una explosión de larvas florecerá sobre el cadáver, transmitiendo en su lenguaje la información ―que será descifrada en los laboratorios forenses― sobre las formas, modos y causas de la muerte.


Muchos insectos, y en particular las moscas, pueden ayudar a resolver incógnitas o encontrar información clave en casos forenses como asesinatos, sobredosis con sustancias químicas o negligencia. Los insectos se convierten en pistas infalibles de un caso debido a que son evidencias inmodificables, que brindan información difícil de alterar. Mientras el patólogo se encarga de observar detalladamente el cadáver y tratar de entender el momento más cercano a la muerte apoyado en las ciencias forenses, el ejército de larvas de moscas que colonizó el cuerpo lleva consigo información que solo será interpretada por los entomólogos, o estudiosos de los insectos. Esta información es invisible ante nuestros ojos, pero a los ojos de los especialistas es posible que revele el lugar y el tiempo de la muerte.


¿Qué son los insectos? ¿Qué hacen? ¿Qué importancia tienen? ¿Por qué las moscas son importantes desde el punto de vista legal y cómo nos ayudan en la resolución de casos? ¿Cuáles son las moscas de interés forense? ¿Cómo actúan en procesos de descomposición cadavérica? Estas son preguntas que hacen parte del objeto de estudio en nuestras investigaciones científicas, en el área forense y dentro del grupo de investigación científica en el Tecnológico de Antioquia.


Los insectos son pequeños animales invertebrados, la mayoría alados y de seis patas, y conforman el grupo de organismos vivos más diverso sobre el planeta. Ningún otro grupo animal cuenta con un mayor número de especies. Así como son variados en número, su papel en el ecosistema es ampliamente diversificado, y han colonizado todos los hábitats y ambientes de la Tierra, excepto el marino. Muchos sustentan importantes cadenas alimenticias; por su especialización alimentaria pueden consumir desde plantas ―lo que se conoce como herbivoria― hasta detritos ―es decir, material en descomposición―, madera viva o muerta, polen, néctar y hasta hongos; incluso pueden alimentarse de la sangre de mamíferos y aves, y en hábitats acuáticos pueden ser filtradores. Otros son depredadores (que se alimentan de otros insectos), parásitos (que viven a expensas de otros animales) y parasitoides (que llevan su ciclo de vida en el interior de otros animales, causándoles la muerte).


Desde el punto de vista humano, los insectos pueden considerarse benéficos o perjudiciales. Son responsables de la polinización de la mayoría de las plantas con flores, y allí radica su importancia para el sustento de los cultivos y de la alimentación de la población mundial. También han sido objeto de investigación en varios campos científicos, como la genética. Pero otros pueden llegar a ser no tan agradables para los humanos por ser vectores de enfermedades como la malaria, el dengue, la fiebre amarilla o la leishmania. También pueden ser perjudiciales para los cultivos o alimentarse de granos almacenados. Otros pueden atacar el ganado y son responsables de los que comúnmente se conoce como nuches o gusaneras: infestación de larvas de mosca en tejidos vivos.


Escarabajos, moscas, abejas, avispas y mariposas cuentan como los grupos de insectos más diversos conocidos por la entomología, ciencia que se encarga de estudiarlos. Gracias a esta ciencia podemos aproximarnos a conocer sus especies, su ciclo de vida, sus hábitos, sus preferencias alimentarias, sus dinámicas poblacionales, su distribución geográfica y hasta las relaciones con los demás organismos.


Haremos especial referencia al caso de las moscas, las cuales, por su preferencia alimentaria, son uno de los principales encargados de descomponer y reciclar elementos orgánicos del entorno donde habitan, conocido como ecosistema. Las moscas, técnicamente llamadas dípteros (por poseer dos alas desarrolladas para el vuelo, di = dos; ptera = alas), han especializado su preferencia alimentaria por material orgánico en descomposición; es decir, cualquier animal que muera se convierte en potencial alimento.


Igual que las mariposas, las moscas experimentan durante su vida una serie de modificaciones morfológicas que se conocen comúnmente como metamorfosis: la hembra grávida, o cargada de huevos fértiles, localiza el lugar apropiado para depositarlos, que generalmente suele ser materia orgánica muerta, desde basura hasta cadáveres de animales. Una vez puesto el huevo, surge una pequeña larva con forma de gusano blanco, que solo tendrá como objetivo alimentarse y crecer. Durante este crecimiento pasará por tres estados de desarrollo o estadios larvales; así triplicará su tamaño y peso. Una vez saciado su apetito, buscará un lugar oscuro y calmo, como el suelo o la hojarasca, para entrar en una etapa de quietud total, similar al capullo de una mariposa (la pupa). En esta etapa, en su interior se forman las estructuras morfológicas de una mosca adulta y pronto estará lista para abandonar el capullo (pupario), volar, buscar su pareja, reproducirse y dar inicio a un nuevo ciclo.


Las moscas siempre han acompañado a la humanidad en toda su historia, y por su resistencia y capacidad de dispersión "no nos hemos podido librar de ellas" —ni siquiera los insecticidas han sido capaces de acabarlas—. Aunque hay especies importantes en la polinización, la mayoría son potencialmente peligrosas por su hábito de visitar materia orgánica en descomposición y materia fecal, junto con los alimentos de consumo humano. De esta manera logran esparcir o diseminar gérmenes, bacterias, virus y otros patógenos que pueden causar enfermedades.


Informantes del crimen


Las moscas pueden ser usadas a nuestro favor en un contexto legal, si comprendemos que para ellas un cadáver no es más que una fuente de alimento para completar su regular ciclo de vida. A una mosca apenas le tomará un par de horas localizar un cuerpo, no importa su ubicación, ni la hora, ni el clima, ni su accesibilidad. Debido a su gran capacidad de vuelo y ubiquidad, es altamente probable que en ese lapso una mosca hembra localice un cadáver que ha empezado su proceso de descomposición. En ese momento pondrá su primera porción de huevos para que las nuevas larvas tomen sus tejidos y lo devoren. De este hecho los investigadores toman la información acerca del tiempo aproximado en que un cadáver pudo comenzar su periodo de descomposición, es decir, el momento del deceso.


Las moscas encontradas en un cadáver nos pueden dar pistas claras de este proceso. Si se conoce con anterioridad el tiempo exacto de desarrollo de la especie de mosca encontrada en la escena, podremos calcular el tiempo que lleva alimentándose del cadáver. La larva de mayor desarrollo o la más grande será la que nos da la pauta para hacer estos cálculos porque suponemos que es la primera que llegó al sitio y la primera en alimentarse del cuerpo. Con esta información, y con la ayuda de entomólogos especialistas, podremos conocer qué especie de mosca es, su tiempo de desarrollo y el tiempo que le tomó llegar a ese desarrollo. De este modo se infieren los intervalos de tiempo sobre el deceso, conocido como IPM (Intervalo Post-Mortem).


Países como Colombia albergan una de las más altas diversidades biológicas existente en el planeta Tierra —lo que comúnmente llamamos megadiversidad—. En nuestro territorio existen cientos de especies de moscas, y para cada una de las innumerables localidades geográficas nacionales con condiciones climáticas particulares como temperatura, humedad, precipitación (lluvias) y hasta altura, habrá una fauna propia o particular. En cada lugar habitará una combinación de especies únicas, previamente adaptadas para vivir bajo esas condiciones determinadas. Las moscas que se encuentran en un lugar cálido de baja altura no serán las mismas que habitan en un bosque de montaña o un páramo. De la misma manera, algunas muestran preferencia por los ambientes urbanos; por eso algunas especies prefieren convivir a nuestro lado y en nuestras ciudades (moscas sinantrópicas) y otras prefieren lugares aislados, apartados y lejos del contacto humano, como bosques poco perturbados (moscas asinantrópicas). Es esta característica la que nos permite hacer inferencias geográficas. Las moscas colonizan el cuerpo y guardan fidelidad mientras se alimentan de este; en consecuencia, una especie encontrada en un lugar que no corresponde a su hábitat podría darnos pistas de su procedencia y del posible traslado de un cuerpo sin vida de un lugar a otro.


Esas evidencias de tiempo y de lugar hacen que las moscas cumplan un papel casi infalible como detectives, aportando información clara, clave y veraz en la solución de casos de interés forense. El uso de insectos en un contexto legal es conocido como entomología forense, y la información de tiempo y lugar que esta disciplina provee se convierte en su aplicación más común.


Nuestra investigación


La existencia de cientos de especies de moscas en nuestro país hace necesario adelantar estudios locales para conocerlas y saber cuáles están conviviendo en nuestro entorno. El Tecnológico de Antioquia, de la mano de varios de sus investigadores, está llevando a cabo esta tarea en el área metropolitana del Valle de Aburrá. Actualmente estudia y caracteriza la fauna de moscas descomponedoras en varias localidades geográficas con diferente tipo de cobertura paisajística y diferente grado de intervención humana, incluso en ambientes urbanos, silvestres y rurales. Durante tres años continuos, y sin precedente de estudios similares en Latinoamérica, se ha hecho el seguimiento de estas moscas en campo y se pretende hacer cría en laboratorio de las especies colonizadoras, o por lo menos de las más frecuentes en los diferentes regímenes climáticos.


El proyecto ha ubicado cuatro localidades de muestreo, correspondientes a los puntos cardinales en el área del Valle de Aburrá y en donde se ha registrado alto número de hallazgos de cadáveres: al norte en el municipio de Copacabana, al sur en el municipio de Caldas, al oriente en la ciudad de Medellín, en una la localidad conocida como Cola del Zorro, y al occidente en la localidad denominada Pajarito. Durante una semana al mes se hizo el seguimiento de las moscas por medio de trampas de captura, que consisten en un cilindro de malla en cuya parte inferior se ubicó el atrayente —en este caso, vísceras de pollo y cabezas de pescado en proceso de descomposición de cinco días—. El olor y las sustancias volátiles emanadas llaman activamente la atención de las moscas, las cuales atienden a este estímulo y quedan atrapadas en el interior del cilindro; posteriormente son recolectadas por el investigador y llevadas al laboratorio.


Los entomólogos se encargan de identificarlas, contarlas, preservarlas y conservarlas en su colección de referencia, que cuenta con cerca de 2.000 moscas de interés forense. Cada espécimen guarda una información básica que se ingresa a una base de datos. País, municipio, lugar, coordenadas geográficas, colector, fecha, modo de captura, entre otros, servirán para analizar las dinámicas ecológicas de la comunidad en esa región, determinar estacionalidad de sus especies, picos poblacionales, distribución espacial y mapeo de moscas.


Con el propósito de criar las especies más importantes, algunos especímenes se mantienen vivos en contenedores especiales para su desarrollo y se llevan a una cámara de cría con variables climáticas controladas; es allí donde los investigadores evalúan el efecto de estas variables en el desarrollo de las moscas. Se hace el seguimiento de los individuos desde huevo hasta adulto, se caracterizan los tiempos de cada uno de los tres estados larvales y se elaboran curvas de crecimiento de acuerdo con su tamaño y otras características morfológicas. Estas curvas serán la base para el cálculo del IPM (Intervalo Pos-Mortem) o tiempo aproximado desde que se encontró la evidencia entomológica y la fecha de muerte. De esta manera, una larva procedente de cualquier caso será primero identificada taxonómicamente, y luego algunas características, como tamaño y desarrollo, se comparan con la información existente en las curvas de crecimiento. Con esta información se podrá cotejar, comparar y calcular el tiempo aproximado que pudo haberle tomado a esa larva para llegar al estado en el que el entomólogo la encontró.


Algunos especímenes son preservados para hacer estudios moleculares con el DNA (ácido desoxirribonucleico); estos análisis nos pueden dar pistas e información sobre cómo están relacionadas sus poblaciones en la naturaleza, y qué tan emparentados están los especímenes de diferente procedencia geográfica. De igual manera, se puede llegar a identificar la especie a la que pertenecen con total seguridad, sobre todo en aquellos estados larvales difíciles de identificar por medios tradicionales como la morfología comparada o en casos donde solo se hallen porciones de tejidos, trazas o parte de ellos.


Toda esta información detallada servirá para establecer el marco de referencia conceptual y analítico de la entomología forense aplicada en nuestro país, y en particular en el Valle de Aburrá. Uno de nuestros objetivos es mapear esta información y compilarla en un SIG (Sistema de Información Geográfica) inteligente que permitirá establecer la posibilidad de un espécimen o una especie de pertenecer a una localidad determinada, así como calcular de modo preciso el tiempo que lleva de desarrollo y su probabilidad de estar en una temporada climática determinada.


Estudios de este corte no tienen precedentes en el país ni en Latinoamérica; de esta manera, el componente de innovación en nuestro grupo incluye bases de datos con información biológica original de las moscas (estacionalidad y curvas de crecimiento), mapeo, modelaje y seguimiento espacial. El resultado de nuestras investigaciones pondrá a Colombia a la vanguardia en esta área del conocimiento y como referente en el área de la entomología forense aplicada, dará a todas luces aplicación práctica para la generación de evidencia en el contexto legal, mejorará las estimaciones de tiempo de muerte hechas por peritos de los organismos estatales y generará información adicional sobre detalles particulares de los hechos, con el objetivo de maximizar la efectividad en nuestro sistema penal acusatorio.





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