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PARQUES BIBLIOTECA
UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA SEDE MEDELLÍN










Una pausa para la historia de las bibliotecas


La historia de las bibliotecas parece ser más fantástica que confusa. Las grandes construcciones que hoy se aprecian en infinidad de ciudades del mundo tuvieron su naturaleza propia: fueron más archivos para guardar libros o grandes volúmenes que bibliotecas en su condición actual. Según nos cuentan los relatos, nacieron en Mesopotamia con una función específica: conservar los registros, los hechos ligados a la actividad religiosa, política, económica administrativa o cultural, y básicamente estaban al servicio de los escribas y sacerdotes.


Los primeros libros o documentos históricos se compusieron en escritura cuneiforme, una forma pictográfica de representación simbólica en tablillas de barro, un soporte fuerte y pesado que ha garantizado su conservación. Aunque no eran tan abundantes en número, hacia el año 2660 a.C. sí se destacaban las bibliotecas de Mari, Lagash y Ebla, pertenecientes al rey asirio Assurbanipal.


Fueron igualmente famosas las Casas de los Libros en el Antiguo Egipto. Allí se fundaron dos tipos de instituciones: las que hacían las veces de archivos para la documentación administrativa y las Casas de la Vida, centros de estudios para los escribas, que poseyeron colecciones de las que se podía hacer copias. La escritura, en sus diversas formas jeroglífica, hierática o demótica, se recogía en rollos de papiro.


En la antigua Grecia, el libro y las bibliotecas alcanzaron un gran desarrollo. Las bibliotecas adoptaron formas que pueden considerarse como antecedentes de las actuales. La escritura griega, derivada del alfabeto semítico, permitió generalizar en cierta forma el acceso a la lectura y al libro y que por primera vez aparecieran bibliotecas desvinculadas de los templos. El periodo helenístico, llamado también alejandrino (hacia el año 323 a.C.), fue el del nacimiento de bibliotecas legendarias, como la Biblioteca de Alejandría o la Biblioteca de Pérgamo, que se crearon con la voluntad de reunir todo el conocimiento social de su tiempo y ponerlo a disposición de los eruditos.


Roma continuó con el mismo soporte de escritura de los griegos: el rollo de papiro, y fundó la primera biblioteca pública de la que hay constancia, por parte de Asinio Polión, en el año 75 a.C. Existieron, además, grandes bibliotecas como la Octaviana y la Palatina, creadas por Augusto, y la Biblioteca Ulpia, del emperador Trajano. Las bibliotecas romanas acostumbraban a tener una sección griega y otra romana.


La biblioteca de Alejandría


Situada en la ciudad griega de Alejandría, se estima que fue fundada a comienzos del siglo III a. C. por Ptolomeo I Sóter, y ampliada por su hijo Ptolomeo II Filadelfo; llegó a albergar hasta 900.000 manuscritos, por lo que fue considerada la más grande del mundo en su época. La destrucción de la biblioteca es uno de los temas polémicos de la civilización occidental, y se atribuye a romanos, egipcios, cristianos o musulmanes, dependiendo de la fuente consultada. Cuando el califa Omar hacía referencia a la biblioteca de Alejandría, manifestaba: "Si no contiene más que lo que hay en el Corán, es inútil, y es preciso quemarla; si algo más contiene, es mala, y también es preciso quemarla" (Kardec, 1957: 352). Se carece de testimonios precisos sobre sus aspectos más esenciales, y no se han encontrado las ruinas del museo. Para algunos escritores latinos, la Gran Biblioteca fundada por los Ptolomeos apenas resultó afectada en el incendio provocado por las tropas de Julio César en 48 a. C. Probablemente, ya había desaparecido en el momento de la dominación árabe, aunque algunos escritores comentan que el califa Umar Ibn al-Jattab ordenó la destrucción de millares de manuscritos. Independientemente de las culpas de cristianos y musulmanes, el fin de la biblioteca debe situarse en un momento indeterminado de los siglos III o IV, quizá en 273, cuando el emperador Aureliano tomó y saqueó la ciudad, o cuando Diocleciano hizo lo propio en 297. Desde el siglo XIX, los eruditos han intentado comprender la organización y estructura de la biblioteca, y se ha debatido abundantemente sobre su final, sus contenidos, la manera en la que sus sabios trabajaban o el número exacto de volúmenes que contenía. Pero los testimonios son muy pocos, esporádicos y dispersos. Los investigadores y los historiadores de los siglos XX y XXI han insistido en que se ha formado una utopía retrospectiva en torno a la biblioteca. No hay duda de que existió, pero no hay muchas certezas en lo escrito sobre ella.


Los sabios que visitaban la biblioteca eran, entre otros, Eratóstenes; el astrónomo Hiparco, que ordenó el mapa de las constelaciones y estimó el brillo de las estrellas; Euclides, que sistematizó de modo brillante la geometría y que en cierta ocasión dijo a su rey que luchaba con un difícil problema matemático: "no hay un camino real hacia la geometría"; Dionisio de Tracia, el hombre que definió las partes del discurso y que hizo en el estudio del lenguaje lo que Euclides hizo en la geometría; Herófilo, el fisiólogo que estableció, de modo seguro, que es el cerebro y no el corazón la sede de la inteligencia; Herón de Alejandría, inventor de cajas de engranajes y de aparatos de vapor, y autor de Autómata, la primera obra sobre robots; Apolonio de Pérgamo, el matemático que demostró las formas de las secciones cónicas: elipse, parábola e hipérbola; Arquímedes, el mayor genio mecánico hasta Leonardo de Vinci, y el astrónomo y geógrafo Ptolomeo, que compiló gran parte de lo que es hoy la pseudociencia de la astrología: su universo centrado en la Tierra estuvo en boga durante 1.500 años. Y entre estos grandes hombres hubo una gran mujer, Hipatia, la última lumbrera de la biblioteca. Era matemática, astrónoma, física y jefe de la escuela neoplatónica de filosofía: un extraordinario conjunto de logros para cualquier persona de cualquier época.


La biblioteca constaba de diez grandes salas de investigación, cada una dedicada a un tema distinto, había fuentes y columnatas, jardines botánicos, un zoológico, salas de disección, un observatorio y una gran sala comedor donde se llevaban a cabo con toda libertad las discusiones críticas de las ideas. La tradición nos dice que había una historia del mundo en tres volúmenes, perdida actualmente, de un sacerdote babilonio llamado Beroso. El primer volumen se ocupaba del intervalo desde la creación hasta el diluvio, un periodo al que el autor atribuyó una duración de 432.000 años, es decir, cien veces más que la cronología del Antiguo Testamento.


Alejandría era la capital editorial del planeta: allí, griegos, egipcios, árabes, sirios, hebreos, persas, fenicios, italianos, galos e iberos intercambiaban mercancías e ideas. Como es lógico, no había entonces prensas de imprimir. Los libros eran caros y cada uno se copiaba a mano. La biblioteca era depositaria de las copias más exactas del mundo, relacionadas con el arte, el Antiguo Testamento y obras de Grecia, África, Persia, India, Israel y otras partes del mundo, traídas por los ptolomeos.


Los ptolomeos no se limitaron a recoger el conocimiento conocido, sino que animaron y financiaron la investigación científica y de este modo generaron nuevos conocimientos. Los resultados fueron asombrosos: Eratóstenes calculó con precisión el tamaño de la Tierra, la cartografió y afirmó que se podía llegar a India navegando hacia el oeste desde España. Hiparco anticipó que las estrellas nacen, se desplazan lentamente en el transcurso de los siglos y al final perecen; fue el primero en catalogar las posiciones y magnitudes de las estrellas y en detectar estos cambios. Euclides creó un texto de geometría del cual los hombres aprendieron durante veintitrés siglos —una obra que ayudaría a despertar el interés de la ciencia en Kepler, Newton y Einstein—. Galeno escribió obras básicas sobre el arte de curar y la anatomía, que dominaron la medicina hasta el Renacimiento.


La biblioteca de Pérgamo


La biblioteca de Pérgamo contaba con 400.000 volúmenes; fue en la Antigüedad la segunda en importancia después de la de Alejandría. Ambas compitieron por un tiempo en calidad, número de volúmenes e importancia. Lo poco que se conoce sobre esta biblioteca es lo que aportó el escritor y viajero romano Plinio el Viejo en su obra Historia Natural. Los reyes de Pérgamo fueron coleccionistas de arte y otros objetos; fueron además bibliófilos y tuvieron una gran preocupación por la cultura (como los ptolemaicos en Egipto). Estaban interesados en convertir su capital, Pérgamo, en una ciudad como Atenas en la época de Pericles (444-404 a. C). Los habitantes de Pérgamo se inclinaron más hacia la filosofía, sobre todo a la filosofía estoica, a la búsqueda de la lógica, en lugar de hacer análisis filológicos. Los volúmenes de Pérgamo eran copiados en un material llamado pergamino porque fue inventado y ensayado precisamente en esta ciudad.


El trasegar histórico


Los historiadores nos dicen que en los tiempos medievales, con las invasiones bárbaras y la caída del Imperio Romano en Occidente, la cultura retrocede y se refugia en los monasterios y escritorios catedralicios, únicos lugares que albergaban bibliotecas dignas de tal nombre. Eran centros donde se custodiaba la cultura cristiana y los restos de la clásica, al servicio de la religión. En la Baja Edad Media (periodo comprendido entre los siglos XII al XV), con la instauración de las universidades primero, y con la invención y difusión de la imprenta después, se crearon las nuevas bibliotecas universitarias, al tiempo que el libro alcanzó a nuevos sectores de la población.


Se decía que Matías I de Hungría (1443-1490), uno de los más poderosos monarcas de la época, coleccionó libros desde alrededor del año 1460. A la muerte del rey, la biblioteca Corviniana contaba con cerca de 3.000 códices —llamados corvinae— de 4.000 a 5.000 obras, principalmente de los clásicos griegos y latinos. La biblioteca Corviniana se convirtió así en la segunda biblioteca de Europa, después de la del Vaticano, en importancia y cantidad de volúmenes en su época. Esta biblioteca fue muy importante para los contemporáneos y sirvió como modelo para otros príncipes, como Lorenzo el Magnífico (1449-1492). Los libros de esta biblioteca fueron destruidos o se dispersaron casi en su totalidad luego de la invasión de los turcos a Hungría en 1526; sin embargo, muchos de los tomos sobrevivieron y se encuentran actualmente en los museos más importantes del mundo.


El mundo árabe también creó sus bibliotecas, ligadas a las mezquitas y los centros de enseñanza coránica, o madrasas. Allí se crearon algunas de las mayores bibliotecas de su tiempo, como la del califa Al-Mamum en Bagdad o Abd-al-Rahman III y su hijo Al Hakam II en Córdoba.


El Renacimiento, por su parte, estuvo marcado por la invención de la imprenta, creación de Johannes Gutenberg. Las luchas derivadas de la Reforma protestante vieron nacer, gracias a los ideales humanistas, un nuevo modelo de biblioteca principesca. Esta corriente desembocará en la aparición de bibliotecas reales y de la alta nobleza, que merced a los nuevos valores se abren a un público de eruditos y estudiosos.


Posteriormente, en la Modernidad, las revoluciones francesas y americana supusieron el inicio de la extensión de nuevos principios democráticos por Europa y América y el nacimiento de una verdadera voluntad de hacer accesible la cultura y la educación para todos. La Revolución Francesa hizo que las ideas de libertad, igualdad y fraternidad penetraran en el mundo bibliotecario. Estas ideas ejercieron gran influencia en cuanto al derecho a la lectura y al libre acceso a las fuentes del saber, exclusivos, hasta entonces, para los hombres de la burguesía. El concepto moderno de biblioteca está cimentado en su carácter de servicio al público, de uso comunitario y de acceso gratuito a libros por parte de hombres y mujeres. Este esquema sirvió para que en América se diera impulso a la biblioteca pública, como consecuencia de los ideales de libertad.


Desde el siglo XX


Nacidas para atender a las clases sociales más desfavorecidas, las bibliotecas se dirigen hoy, en gran medida, al ciudadano medio. La UNESCO ha tenido un papel muy importante en su desarrollo: su Manifiesto de 1994 establece que los servicios de la biblioteca pública se prestan sobre la base de la igualdad de acceso para todas las personas, sin tener en cuenta su edad, raza, sexo, religión, nacionalidad, idioma o condición social.


A finales del siglo XX aparecen las bibliotecas digitales, las electrónicas y los libros electrónicos, gracias al desarrollo de los lectores digitales. Desde entonces, la biblioteca es una "institución cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de libros y documentos" (definición de la RAE). Pero, más que una institución consagrada a los registros escritos, las bibliotecas siempre han constituido un patrimonio cultural invaluable para la sociedad, al prestar un servicio público de primer orden, por ser lugares en donde habita y perdura el conocimiento y la historia, para ser transmitidos de generación en generación. Es decir, guardan en sí mismas la memoria de la humanidad y allí, con solo pasar una hoja, se puede viajar por medio de la lectura a zonas recónditas y a saberes de todas las disciplinas, ciencias y culturas. Además de libros, periódicos y revistas, la mayoría de las bibliotecas públicas actuales tienen una amplia muestra de otros medios de comunicación, entre los que se incluyen CD, software, cintas de video, DVD e instalaciones para usar Internet.


Por ofrecer y permitir el acceso a múltiples servicios o fuentes de información que se producen en el exterior, las bibliotecas constituyen, además, un lugar ideal para la autoformación, el esparcimiento, la investigación, el estudio, la socialización y, por supuesto, la lectura. Así, la biblioteca es ante todo un lugar de aprendizaje, de encuentros y comunicación, un puente de conexión con el resto del mundo.


Las bibliotecas han servido, igualmente, como fuente de investigación para que los historiadores indaguen acerca de las tradiciones de lectura y culturización de los pueblos en los que se hallan ubicadas, como se lleva a cabo en las pinacotecas y los museos.


Vemos, pues, que las bibliotecas no han constituido una realidad estática, y a medida que el mundo ha cambiado han evolucionado y transformado su estructura. Con los cambios que trajo el siglo XX, con el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación, y sobre todo con internet, las bibliotecas se vieron obligadas a transformar su procedimiento y estilo de trabajo, dejando de ser lugares de un silencio sepulcral, abiertos exclusivamente para la lectura y la conservación de colecciones bibliográficas. Hoy no cumplen solo con las funciones tradicionales sino que además se construyen con diseños arquitectónicos más amables y acordes con criterios estéticos diferentes a los tradicionales; asimismo, quienes las administran cumplen con el propósito de satisfacer las nuevas necesidades de los usuarios.


Los parques biblioteca


Los parques biblioteca se conciben como complejos urbanísticos formados por edificaciones de arquitectura moderna, con amplios espacios circundantes de uso público, verdes, peatonales y decorativos. Estos espacios públicos otorgan al complejo urbanístico el nombre de parque. La edificación central o eje del complejo está dotada de biblioteca con equipamiento de alta tecnología computacional en banda ancha, justificando el nombre de biblioteca, y de allí la expresión compuesta parque biblioteca.


Según la administración municipal de Medellín, "los parques biblioteca son centros culturales para el desarrollo social que fomentan el encuentro ciudadano, las actividades educativas y lúdicas, la construcción de colectivos, el acercamiento a los nuevos retos en cultura digital. Y también son espacios para la prestación de servicios culturales que permiten la creación cultural y el fortalecimiento de las organizaciones barriales existentes". El proyecto de los parques biblioteca es ambicioso y novedoso: apuesta por la educación, la cultura, la equidad e inclusión de todos los sectores sociales, con especial atención por los más pobres, vulnerables y desprotegidas de la comunidad. Los complejos urbanísticos se han construido en su totalidad en zonas antiguamente marginadas casi por completo.


El concepto de parque biblioteca fue desarrollado por la Alcaldía de Medellín a cargo del alcalde Sergio Fajardo Valderrama, y expuesto en el Plan de Desarrollo 2004 2007. Aparece como uno de los proyectos estratégicos de la línea 3, cuyo fin es "el fortalecimiento de las bibliotecas como centros integrales de desarrollo cultural y social", buscando mejorar los espacios culturales y lúdicos, sí como los servicios bibliotecarios, de formación y esparcimiento. El plan contempla la generación de espacios públicos de calidad en comunidades donde la ausencia de estos lugares ha sido permanente, con el propósito de que, además de ser grandes edificaciones arquitectónicas, también satisfagan algunas de las necesidades básicas, como el bienestar, el acceso al conocimiento o la seguridad (Plan de desarrollo 2004-2007. Alcaldía de Medellín).


Los parques biblioteca están dispuestos en lugares de la ciudad que han presentado algún tipo de vulnerabilidad, así como en zonas de violencia, baja renta y escasos recursos. Este es el caso de los parques biblioteca Presbítero Luis Arroyave, ubicado en el barrio San Javier, en la Comuna 13, y el España, ubicado en el barrio Santo Domingo Savio.


Con la implementación de los parques biblioteca se busca proporcionar una mejor calidad de vida para los diferentes sectores e incluir a la población, no solo de los barrios de influencia, sino también de los barrios circundantes, en los procesos de reconstrucción del tejido social de la ciudad, configurándose día a día, además de espacios arquitectónicos, en una herramienta efectiva para garantizar la equidad y el reconocimiento de la diversidad en un ejercicio que apunta al diálogo intercultural.


Igualmente, se busca que la población infantil, los jóvenes y los adultos aprendan a hacer lecturas diferentes a sus propias realidades, dándole un mejor uso a su tiempo libre. Pues no son lugares exclusivos para consultar libros, sino que se convierten en importantes centros sociales en los cuales concurren diversas actividades lúdicas y culturales. Es decir, "son centros culturales que fomentan el desarrollo social y el encuentro ciudadano, las actividades educativas y lúdicas, la construcción de colectivos y contribuyen a la prestación de servicios culturales que fortalecen las organizaciones barriales existentes".


Y, como aparece en el Pacto Ciudadano de los Parques Bibliotecas:


Un Parque Biblioteca es un mapa humano hecho de encuentros y conversaciones; un mapa donde se permite pintar la vida con los colores de la piel, dibujar la semana sin el tedio de la rutina; soñar, sentir y pensar sin permiso; recorrerse como un bosque lleno de libros, sonidos, juegos e imaginación; visitar sus lugares como se va a la intimidad, al amor y a la amistad; aprender jugando y jugar descubriendo, compartir la dignidad, la pasión, la esperanza y las necesidades. Un Parque Biblioteca es un mapa que se va trazando y leyendo con la vida de la gente.


El sentido que adquieren consiste en ser territorios del conocimiento, el entendimiento, la tecnología, el aprendizaje, el juego, la cultura y el ocio. Pero también lo son para el encuentro comunitario y la participación ciudadana. Además, están conformados por edificaciones de arquitectura moderna, lo que los ha hecho merecedores de varios premios internacionales, con grandes espacios públicos exteriores, zonas y senderos peatonales y decorativos. El Plan de Desarrollo lo estipula así y lo considera una herramienta privilegiada para la transformación de la ciudad para las comunidades: "El Plan [por esta razón] construye espacios comunitarios de calidad con el fin de promover la igualdad social, la convivencia y la integración ciudadana.


La Alcaldía de Medellín, junto con la Red de Bibliotecas y el Sistema Municipal de Bibliotecas Públicas de Medellín, proyectaron cuatro parques más en diferentes ubicaciones con el fin de lograr una cobertura total en toda el Área Metropolitana: Doce de Octubre (noroccidente de Medellín), Guayabal (suroccidente de Medellín), San Cristóbal, corregimiento del occidente de la ciudad, y San Antonio de Prado, corregimiento del sur de la ciudad.


Los impactos


Si aceptamos el término impacto como choque o golpe, se puede constatar que los parques biblioteca aluden a una realidad que, para quien no la comprende en su sentido novedoso, se constituye en imposición, un híbrido de dos antónimos que difícilmente se pueden leer en conjunto. Y, efectivamente, hay quienes no encuentran identidad en este nombre y perciben un choque brusco en el significado del término tradicional de la biblioteca como es concebido en la ciudad.


Por ejemplo, en el periódico El Mundo de Medellín, se publicó en agosto de 2007 una crónica periodística que da cuenta de esa acepción del significado de impacto como choque o golpe y, agregaríamos, de contradicción:


Hace unas semanas, en mi papel de anfitrión de un destacado columnista del sur del continente, lo llevé a conocer los sitios más interesantes de Medellín, en los que incluimos los parques bibliotecas que estrena la ciudad. Y, luego de examinarlos y explorarlos, mi amigo columnista exclamó:


"¡Pero si no son ni parques ni bibliotecas! No son parques, porque no tienen árboles, y no son bibliotecas, porque no tienen libros". Ante tal afirmación, cualquier paisa chauvinista podría sentir herido el orgullo recientemente inflamado por la inauguración de estos nuevos referentes de la ciudad, pero si los visita y les hace una valoración objetiva, muy probablemente terminará de acuerdo con el crítico evaluador.


Las realidades socioculturales y políticas que los parques biblioteca quieren afrontar, desde la perspectiva de quienes los proyectan y los construyen, implican, en síntesis, trascender esa cualidad cuasi sacralizada y silente de la biblioteca para generar espacios de inclusión, diálogo y encuentro en zonas periféricas de la ciudad. Es cierto que estos espacios no son parques ni bibliotecas, sino que ayudan a la construcción de este nuevo término, tanto en su significado como en su uso. En palabras de Jesús Martín-Barbero, "el discurso no es un mero instrumento pasivo en la construcción del sentido que toman los procesos sociales, las estructuras económicas o los conflictos políticos. Hay conceptos cargados en tal modo de opacidad y ambigüedad que sólo su puesta en historia puede permitirnos saber de qué estamos hablando más allá de lo que creemos estar diciendo (Barbero, 1987: 13).


Otro gran impacto está relacionado con la cultura. El término, de por sí, es polifacético, esto es, posee gran diversidad de respuestas. Sin duda, los lugares en los que están construidos los parques biblioteca eran espacios cargados de violencia y donde el ocio era sinónimo de peligro para las vidas de muchos jóvenes. Hoy representan una nueva realidad: se puede asistir a obras de teatro, o los niños pueden acceder a la información no solo desde internet sino también desde la cercanía y el contacto con el libro; hay además capacitaciones y espacios para la deliberación. Pero lo más importante es que quienes se han apropiado de los parques biblioteca han empezado a asumir unos comportamientos para socializarse con los otros desde el respeto, la diferencia y la inclusión.


El concepto de cultura diferencial, en cambio, define las identidades a diferencia de los otros (es decir, cuando se usan términos como "ellos no", "ellos al contrario de nosotros", "a ellos les falta" y demás). Se observa cómo los territorios en los que se construyeron los parques biblioteca están cargados de los imaginarios de conflicto sufridos por la ciudad, que trascienden a los habitantes de los barrios.


En consecuencia, el proyecto de cultura de la ciudad se basa en el reconocimiento de la diversidad, y los parques biblioteca son una respuesta a los fenómenos de violencia casi constantes en los territorios. Pero son también una estrategia de integración de las otredades. Ejemplo de ello es que un lugar de dolor y violencia como Santo Domingo Savio se resignificó y pasó a ser otro lugar donde es posible la creación. Igualmente Belén, en donde otrora se veían filas interminables de gente con el rostro angustiado, se convierte en un espacio amplio y abierto y, en vez de angustia, las personas lucen ahora una gran sonrisa. En fin, se trata de lugares de dolor que se transforman en territorios de paz.


Siguiendo a Bauman, el concepto genérico de cultura es aquel en el que prima la dicotomía entre lo natural y lo humano (citado en Barbero, 1987: 149). Precisamente, en el argot popular hemos escuchado muchas veces la frase "los colombianos somos violentos por naturaleza". La violencia a veces parece una realidad tan omnipresente en nuestra historia, que tal vez logró instalar un sentimiento de impotencia entre la gente. De tal suerte que, si la violencia es un asunto natural, no hay forma de hacerle frente ni de resistirla.


Algunos investigadores en el país, como Elsa Blair Trujillo, Alonso Salazar o Ana María Jaramillo, se dieron a la tarea de mostrar que la violencia no es un asunto innato en los colombianos, algo natural que nos animaliza, sino más bien una creación cultural que pasa por la decisión del individuo. Pero también pasa por formas de relacionamiento colectivas llenas de símbolos, de significados, por lo que se empezó a hablar de una cultura de la violencia y se obligó a repensar el carácter ineludible de la concepción de violencia por naturaleza.


Los parques biblioteca son un proyecto cultural, ubicados en territorios de la ciudad cargados de miedo y de dolor, marcados por las diferentes violencias y en los que se pensó que no había opción para los jóvenes. Vehementemente retan el tema de la supuesta naturaleza violenta, intrínseca en los habitantes de estas zonas y de Medellín en general.


Tomando como referentes estas aproximaciones, podemos entender que la cultura en los parques biblioteca se vive a diario como una práctica, donde se desafía la realidad violenta de la ciudad, donde se piensa en el otro con respeto y con dignidad, y donde hay una política pública clara que persigue estos objetivos. Veamos, a través de los siguientes datos, cómo percibe el público esta situación:


El 2% de las personas encuestadas reportó no saber leer ni escribir; no obstante, los parques biblioteca las acogen, ya que para ellas hay opciones para realizar actividades y escuchar lecturas en voz alta. De esta forma, los espacios de la biblioteca nunca están vacíos, porque los asiduos visitantes acuden por la posibilidad de participar en una oferta cultural y ciudadana. Con construcciones de calidad, la ciudad asume el reto de dignificar el espacio de los habitantes, a la par que se van vinculando otros proyectos de mejoramiento, como el Programa de Mejoramiento Integral de Barrios, el mejoramiento y la construcción de colegios de calidad, o la apertura de centros de emprendimiento zonales (Cedezos), entre otros.


Para el 33% de los usuarios, todo es bueno en los parques biblioteca. Es un dato muy interesante puesto que permite reconocer las bondades que brindan a la comunidad. Además, porque generan sentido de pertenencia y apropiación. Solo al 10% de la población encuestada le preocupa que no se usen los espacios de manera adecuada y al 7% del total de los encuestados le preocupa que no se esté haciendo un buen mantenimiento al equipamiento, o que en el diseño del mismo no se tuvo en cuenta, por ejemplo, a la población discapacitada.


Una inquietud que asiste al público en general está relacionada con las actividades que allí se llevan a cabo. Consideran que, dado que son tan buenas, deberían repetirse o realizarse con más tiempo, o incluso dejar los espacios abiertos en horarios extendidos. Es decir, la comunidad sabe nombrar muy bien lo que le gusta de los parques biblioteca, y el nivel de apropiación de los mismos.


Es importante destacar, entonces, que otro de los impactos de los parques bibliotecas es el reconocimiento de la otredad y la apuesta por el diálogo intercultural. Una reflexión que nos lleva a pensar que "incluir" no necesariamente implica "reconocer". La primera noción hace referencia a brindar la posibilidad al "otro" de hacer parte de este conjunto, proyecto o sistema social y político. Por su parte, " reconocimiento" va un paso más allá e implica aceptar y reconocer "lo otro" y "al otro" como diferente. Significa renunciar a la pretensión de absorberlo sino dialogar con él y generar nuevos proyectos de comunidad donde podamos vivir juntos. Es el motivo por el cual los parques biblioteca están en comunidades específicas. Tienen una perspectiva de ciudad: son la plataforma a través de la cual se puede lograr un diálogo con las instituciones públicas y privadas que en ellos convergen, así como de las comunidades social, cultural y políticamente diversas, compuestas por personas diferentes que demandan el reconocimiento y su presencia en estos espacios.


Estos diferentes grupos (compuestos a su vez por múltiples individualidades) tienen sus propias formas de expresión e idiolectos, sus propios sistemas de relación y formas particulares de identificación. Sectores como los afrodescendientes, las comunidades LGBT, los indígenas o los infantes son grupos urbanos históricamente excluidos de la ciudad y ya están presentes en esas comunidades en donde los parques biblioteca se asientan.


Podríamos pensar, entonces, que muchos de los conflictos que actualmente vive nuestra ciudad han sido producto del "no reconocimiento" del otro, de la necesidad de anulación de lo diferente. Dicha necesidad se marca cuando precisamente aparece un elemento en una cotidianidad, en un ambiente "normalizado", y algo rompe con esa normalidad. Gente que reclama que su voz sea escuchada, que sea representada en las instituciones y en los espacios, y que se les propicien factores de inclusión y reconocimiento.


Frases como estas, escuchadas a los usuarios de los parques bibliotecas, llaman la atención:


"[El Parque Biblioteca] posibilita encontrarse con personas de otros barrios y que no haya ningún problema".

"Las identidades personales se juntan en el parque biblioteca y se respetan, es un centro cultural".

"Ha limado las asperezas, cada quien piensa diferente, se crea una especie de respeto, aprenden a vivir con la imagen del otro".


Se puede inferir que, al convertirse en espacios neutrales, los parques biblioteca han generado el ejercicio de reconocimiento de la diferencia, para que se vuelva cotidiano, menos raro, y se propicie el espacio para "aprender a vivir con la imagen del otro", y poco a poco no solo aprender a vivir con ella, sino también a conocerla, reconocerla e interactuar con ella. Inicialmente compartiendo un computador o un libro, luego debatiéndolo y más adelante entrando en las complejidades del otro, para posteriormente comprender que también "el otro soy yo".


La gestión de la memoria


El reconocimiento del otro es fácil detectarlo con el fenómeno de la descentralización de instituciones, en este caso el INDER, Medellín Solidaria o los Cedezos, que a través del encuentro constante, cotidiano, prolongado, logran poco a poco el diálogo, el reconocimiento. Los prejuicios construidos desde el conflicto y la pobreza son superados con los diálogos interculturales, así como con los ejercicios de memoria que se propone la ciudad, que busca mirar al pasado para entender el presente, planear el futuro y vincular las historias locales de comunas y corregimientos con la gran historia de ciudad. Es decir, visibilizar a los territorios y darles voz en la ciudad: "Se trata de una operación delicada: nada menos que de rehacer el pasado con miras a los retos del presente" (Lechner, 2002: 10).


Ese ejercicio de memoria se lleva a cabo, en gran parte, en las Salas Mi Barrio, mediante tertulias en las que se tocan diversos temas y se complementan con el aprendizaje de escuchar al otro. Las tertulias generan sentido crítico, permiten la tolerancia por las ideas ajenas, posibilitan la transmisión de conocimientos, permiten generar sentidos de pertenencia y reactivar los lazos sociales. En efecto, cada vez cobra mayor importancia el hecho de vincular la propia historia de vida con la gran historia de la colectividad:


No se trata de una mirada estática a un pasado lejano y congelado en el tiempo. Se pretende, por el contrario, una interpretación actualizada con miras al futuro. La retrospectiva incluye una prospectiva: habla tanto de lo que fue como de lo que debería ser. La memoria del pasado obtiene su sentido profundo de lo que lleva implícito como reivindicación del futuro (Lechner, 2006: 483).


Los parques biblioteca prestan a la comunidad espacios para fortalecer la participación ciudadana, para pensar el territorio, la deliberación y la planeación, para fortalecer los sentidos de pertenencia con la ciudad. Logran rescatar otras memorias diferentes de esos territorios reconocidos muchas veces como periferias, lugares marginados, inabordables, marcados por la violencia. Si bien la violencia persiste, cada vez son más las estrategias que se suman a un objetivo en el que prima el respeto por el otro.


Nuevas formas de entender la ciudad


Un impacto indiscutible de los parques bibliotecas es el relacionado con el imaginario de la ciudad, que produjo una transformación de Medellín. Aunque el concepto como tal es un poco complicado, Escobar, a partir de una historiografía sobre la historia de las mentalidades y de la noción de imaginario, nos da luces frente a lo que aquí estamos explorando. Dice que un imaginario es el reflejo y el modelo de la realidad, o, más precisamente, un conjunto real y complejo de imágenes mentales, independientes de los criterios científicos de verdad y producidas en una sociedad a partir de herencias, creaciones y transferencias relativamente conscientes; conjunto que funciona de diversas maneras en una época determinada, que se transforma en una multiplicidad de ritmos y que se sirve como construcciones estéticas, científicas y de otro tipo, y como diferentes formas de memoria colectiva y de prácticas sociales para sobrevivir y ser transmitidas (Escobar, 2000: 112).


Una mirada a los impactos generados por estos equipamientos colectivos evidencia que el concepto de imaginario es vital porque propicia vincular las historias y las imágenes del territorio, así como la necesidad de tener y hacer funcional el espacio de los parques bibliotecas, explorar las relaciones individuales y colectivas, y la relaciones con el Estado y entre los operadores y los usuarios. Es una manera de poner a circular las historias y de construir historias conjuntas. Es una posibilidad para la apropiación del equipamiento y la visibilización de las políticas públicas.


Son muchos los acontecimientos que ponen en escena el término imaginario; por ejemplo, en los años sesenta del siglo XX, la ciudad de Medellín, y Antioquia en general, gozaban de un imaginario de pujanza, honestidad y respeto por la palabra, que hizo crecer a la ciudad en su proceso de industrialización y desarrollo económico. En las décadas siguientes, la violencia del narcotráfico y el crecimiento de bandas juveniles en las diferentes comunas y barrios de la ciudad, ubicados en las llamadas periferias, borraron totalmente el imaginario original de la ciudad pujante y de los paisas honestos y trabajadores.


El daño fue incalculable: no solo había (y hay) una gran cantidad de jóvenes que optaron por el rumbo de la indolencia, la crueldad y la violencia explícita, sino que además se empezó a generar un imaginario de desesperanza y de dolor en la ciudad, al mismo tiempo que se produjo la percepción de la misma como de alta peligrosidad. Se hablaba incluso de una estética de la crueldad que parecía llenar todos los lienzos donde se pintaba la ciudad.


Hablan los usuarios


Los impactos positivos de los parques biblioteca que se pudieron observar en las comunidades se pueden constatar a partir de una lectura sobre algunas de las necesidades básicas de la población, que empiezan a ser satisfechas a partir de su puesta en funcionamiento en la ciudad, como lo hemos anotado anteriormente.


Esta perspectiva llama al mismo tiempo la atención sobre la relación dinámica entre lo local y lo global, y además alude a la importancia de la relación entre lo individual y lo colectivo. Más importante aún: enfatiza sobre los procesos de planificación del territorio, que tiene en cuenta la autonomía (en este caso el reconocimiento de la diversidad) y la relación directa de la sociedad civil con el Estado. Así lo expresa Max Neef, más puntualmente:


Necesidades humanas, autodependencia y articulaciones orgánicas, son los pilares fundamentales que sustentan el desarrollo a escala humana. Para servir a su propósito sustentador deben, a su vez, apoyarse sobre una base sólida. Esa base se construye a partir del protagonismo real de las personas como consecuencia de privilegiar tanto la diversidad como la autonomía de espacios en los que el protagonismo sea realmente posible. Lograr la transformación de la persona-objeto en persona sujeto del desarrollo es, entre otras cosas, un problema de escala, porque no hay protagonismo posible en sistemas gigantísticos organizados jerárquicamente de arriba a abajo (Max Neef, 1986: 14-15).


En esta misma lógica se definen unas necesidades básicas, finitas y clasificables. En este caso, los parques biblioteca han aportado directamente a la satisfacción de dos de ellas, las denominadas comprensión yesparcimiento―o, más puntualmente, ocio (recreo) ―. Veamos un ejemplo: cuando se les preguntó a las personas que visitan los parques biblioteca qué es lo que más les gusta de ellos, de un total de 150 entrevistas, el 28% dice que lo mejor es la oferta de servicios para la formación o comprensión, y el 23% se refiere a las actividades que satisfacen la necesidad de esparcimiento. Dentro de la necesidad de comprensión, la comunidad valoró, desde las categorización existencial, en el ser, la posibilidad de generar una conciencia crítica sobre la ciudadanía, ya no como individuos que ocupan un territorio y que hacen parte de las estadísticas que dan cuenta de la densidad de población, sino como sujetos de derechos en el marco de una ciudad incluyente que reinvierte los recursos en beneficio de los ciudadanos.


En la categoría existencial de tener, relacionada con la comprensión, la comunidad valora la variedad de las colecciones de literatura y otros temas, el acompañamiento de los funcionarios, las metodologías para acercar a la comunidad alfabeta o analfabeta, sin distinción, al mundo de la literatura con actividades como lecturas en voz alta, la actividad de "los abuelos cuenta cuentos", la lectura de cuentos por teléfono. Valoran las tertulias de la memoria, los foros y los talleres, en los que se abre la posibilidad de conocer y reconocer el propio territorio a partir de la propia historia de vida. Asimismo, las políticas educativas incluyentes, que le apuntan al diálogo, han permitido que la población se acerque más tranquila y recurrentemente al espacio de la biblioteca como tal.


Dentro de la categoría existencial del hacer, la comunidad valora el acceso a la información y la posibilidad de generar nuevo conocimiento. Es el caso de la implementación de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y el acceso gratuito a las redes y los equipos mediante los cuales se puede investigar, educar y experimentar. Es decir, cuando una persona realiza una consulta en los parques biblioteca, si no encuentra el total de la información que requiere en las colecciones bibliográficas físicas, mediante las TIC y el acompañamiento de los funcionarios puede acceder al ciento por ciento del material de consulta.


En cuanto a la categoría de las relaciones, la comunidad puede interactuar con otras culturas, asistir a talleres y foros de temáticas que tienen que ver con el desarrollo personal y colectivo, global y local. Además, se abren espacios para la participación ciudadana, la deliberación y la planeación local, en la que cada participante toma un papel activo en el desarrollo de su proyecto.


La otra necesidad básica que los parques biblioteca contribuyen a satisfacer es la de esparcimiento, entendido como la posibilidad de hacer productivos los tiempos de ocio. La agenda cultural de los parques biblioteca, que se renueva mes a mes, le da un valor importantísimo al hecho de que los visitantes ocupen su tiempo en actividades mediante las cuales se generen espacios de descanso, de reflexión, de distracción y de aprendizajes por métodos que atienden la lúdica. Son aportes para las categorías existenciales del ser y del tener. A la vez que se aprende, se puede asistir a obras de teatro, juegos, lecturas de cuentos y demás actividades. Se logra que quienes accedan a ellos se abstraigan de las tensiones de la vida cotidiana y le vean otra cara a la vida.


En la categoría del hacer, se le da rienda suelta a la imaginación, se incentivan los ejercicios de memoria, la gente quiere relajarse y divertirse, y hasta los adultos acceden a jugar. Esto en sí mismo representa un cambio cultural, pues en el imaginario de los paisas tradicionales el descanso no estaba contemplado. El "ocioso" —siempre mal visto— se consideraba como la persona que no le daba valor al trabajo, y ese señalamiento se podía ganar, valga la redundancia, sin ningún esfuerzo. De hecho, la violencia por la que ha atravesado la ciudad se le ha atribuido, no pocas veces, al ocio improductivo que generan el desempleo y la desescolarización, y que los jóvenes y sus familias "aprovecharon" para justificar el hecho de haber caído en actividades delictivas. Hoy, por el contrario, los parques biblioteca les dan qué hacer a los niños y niñas, así como a los adolescentes, los jóvenes y los adultos. Y, por supuesto, las relaciones mejoran con la puesta en escena del equipamiento. A la comunidad se le ofrecieron espacios de encuentro seguros, que no existían antes.


En consonancia con los impactos sobre las necesidades básicas que los parques biblioteca ayudan a satisfacer (comprensión y esparcimiento), los servicios más usados son los de consulta y préstamo de libros y material audiovisual, con el 32%, así como el acceso gratuito a salas virtuales, con el 23% del total de la muestra. Para la comunidad es muy importante el acceso a la información y al aprendizaje mediante las TICS.


Algo importante es que ahora existe una opción diferente, enmarcada no por la violencia sino por la creación y la cultura, y esto lo constata el hecho de que el 90% de los usuarios, de los 150 entrevistados, ve como un impacto positivo la transformación de las prácticas cotidianas (es decir, los modales, la higiene personal, la mejoría de las relaciones de convivencia).


Es importante señalar que el 51% de los usuarios no reconocen ningún efecto negativo en los parques bibliotecas. Lo negativo es que 10% de los adolescentes observan que hay actividades para la niñez o la adultez, pero pocas para ellos, o consideran que la normatividad de los parques biblioteca no les permite comportarse como en las propias casas o como en otros parques tradicionales.


En cuanto a la seguridad, solo el 9.5% de los asistentes a los parques biblioteca manifiesta sentirse inseguro. Pero es curioso, porque no lo perciben en su interior del sitio sino por fuera de su perímetro. Con frecuencia la comunidad insiste en que los parques biblioteca son territorios de paz, lo cual constata que, aunque el conflicto continúe, estos son espacios para la protección y la neutralidad.


Para la comunidad es muy claro que la parte de biblioteca está funcionando muy bien, pero lo que tiene que ver con el parque no está tan bien definido. Por ello la prioridad en cuanto a lo que se quiere encontrar en ellos es precisamente la recreación y el deporte (27%), y si bien hay otras actividades que tienen por objeto satisfacer la necesidad de esparcimiento, están más dirigidas al intelecto que al cuerpo como tal.


Un 20% de la comunidad propone que haya más cursos gratuitos para que más personas puedan disfrutar. Esto se dio en relación con los cursos que ofrecen las cajas de compensación, en los cuales, a pesar de que siempre hay cupos gratuitos para la comunidad, no se alcanza a cubrir la demanda. Asimismo, un 14% dice que la programación cultural debe aumentar para que más público pueda acceder a ella.


Para quienes están cerca de los parques biblioteca y los visitan con mayor frecuencia, hay una buena percepción de la difusión de la información de los servicios que allí se ofrecen. El 72% del total obtiene buena información, y los medios a través de los cuales la obtienen son con los funcionarios y las carteleras, y en menor medida mediante volantes y medios como la televisión o la radio. Vale la pena reforzar la información que se emite sobre los equipamientos en diferentes medios de comunicación, dado que el hecho incrementa el impacto en la cobertura y la inclusión. Esto con el fin de que no solo quienes viven cerca de los parques biblioteca se enteren de la oferta cultural, sino además otras personas que viven en otros sectores de la ciudad.


Para constatar mejor este punto, se realizó una encuesta a 103 personas en varios lugares de la ciudad: Universidad Nacional, Universidad de Antioquia, Universidad Eafit, Parque Boston, Parque de Berrío y Parque de los Pies Descalzos. Al preguntarles a los encuestados cómo se enteraron de qué es un parque biblioteca, el mayor porcentaje aludió a la televisión y al voz a voz: 26% para cada uno. En relación con la televisión, refirieron que en uno de los canales regionales se transmite un programa de humor muy popular desde el parque biblioteca de Belén. En el rango del 2% se encuentran las personas que han tenido noticia de los parques biblioteca mediante la publicidad o las reuniones informativas.


Es muy importante señalar que, del total de la muestra (103 personas), el 73% sabían de la existencia de los parques biblioteca, mientras que un 27% no sabía de su existencia. Esto quiere decir que ya hay una gran cantidad de personas que ya saben de este tipo de equipamientos y sobre sus ofertas culturales, a las que pueden acceder.


 



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