Inicio
Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento. Propiedad Pública - Apropiación Social del Conocimiento


POBLACIÓN LGTB
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE OCCIDENTE











El Grupo de Investigación en Conflictos y Organizaciones, de la Universidad Autónoma de Occidente (UAO), en Cali, adelantó este estudio exploratorio que busca influir en el tratamiento universitario a la diversidad sexual dentro de la sociedad actual, algo que genera temores, vacíos y silencios. Su propósito fue aportar evidencias a las ciencias sociales, cuestionar a una sociedad que excluye, margina, discrimina y crea distancias sociales y demostrar la existencia de una contradicción entre el llamado "principio de igualdad y de diversidad" y algunas estructuras rígidas de la universidad (de Cali, en este caso); dicha contradicción se caracteriza por dos posiciones: no define políticas concretas respecto a ciertos problemas y situaciones y prefiere hacerlos invisibles.


El cuestionamiento se hace a la institución universitaria colombiana como espacio donde prosigue el proceso de socialización de muchos jóvenes (heterosexuales y homosexuales) que se encaminan hacia su vida adulta y profesional.


Aunque la homosexualidad ha sido ampliamente estudiada en diferentes campos del conocimiento, de manera especial por las ciencias sociales, poco se ha investigado en relación con la universidad; este hecho es síntoma del escaso interés que hay en el mundo intelectual por la diversidad sexual en el contexto de la educación superior. Dos razones lo explican: una, la atención apenas reciente de las ciencias sociales a este aspecto humano; otra, los investigadores sociales han sido reticentes en el estudio del fenómeno homosexual, posiblemente porque las disciplinas que deben estudiarlo a fondo continúan atrapadas en la lógica heterosexual, y hacen investigaciones y producen conocimientos para su sector solamente. En Colombia, el aporte investigativo aparece, de manera clara y directa, después de los años noventa del siglo pasado, aunque el fenómeno del reconocimiento homosexual era evidente desde los años sesenta y setenta.


El estudio realizado en la Universidad Autónoma de Occidente (UAO) espera haber hecho una contribución, desde la perspectiva de las ciencias sociales, en relación con las dinámicas de socialización de los jóvenes homosexuales ( gays y lesbianas), de la forma en que se generaron en el contexto universitario de Cali, y de su construcción de identidad sexual. El estudio se enfocó en la manera de comprender el fenómeno desde la construcción o agenciamiento de los nuevos derechos.


De qué trató el estudio


El estudio se centró en el análisis de los procesos de socialización de jóvenes homosexuales (gays y lesbianas) en dos universidades de Cali, así como la vida diaria de estos jóvenes, los escenarios, las tecnologías, los espacios formales y no formales y las distintas organizaciones en la universidad, y buscó caracterizar las necesidades y experiencias de interacción, junto con el manejo de procesos de construcción de identidad sexual. Finalmente, el estudio tuvo como objetivo identificar, valorar y comparar las políticas (programas y proyectos) y plataformas institucionales dirigidas a la población estudiantil. Se estudiaron los espacios colectivos, las relaciones amorosas y de amistad que conforman los círculos homosexuales, y el papel de los docentes, las organizaciones de estudiantes y las redes virtuales.


El estudiantado universitario no es una masa homogénea


En años recientes, la universidad colombiana ha empezado a visibilizar de manera más clara la presencia de nuevos conjuntos de sujetos sociales: mujeres, afrodescendientes e indígenas, así como gays, lesbianas y transexuales, lo cual ha llevado a comprender con mayor claridad que los estudiantes no son una población homogénea, una masa sobre la que pueden recaer procesos formativos uniformes hacia la profesionalización, y que por tanto se requiere identificar y atender las transformaciones en la institución universitaria, entendida como agente de socialización.


La vida universitaria va más allá de lo académico y, por consiguiente, necesita atender otras esferas de la dinámica social. Como espacio institucional, expresa procesos sociales a veces invisibles o invisibilizados. La emergencia de nuevos sujetos sociales que no se encontraban en el ámbito público porque no correspondían a la aceptación tradicional de hombre blanco, heterosexual y con privilegios de clase, hace evidentes las transformaciones que, de modo profundo, están ocurriendo en la universidad en Colombia.


El surgimiento de estos actores se da en una sociedad cargada todavía de grandes desigualdades, motivadas por posturas todavía heterosexistas, racistas y clasistas, muy arraigadas en los individuos y en las estructuras sociales, y que aún se siguen reproduciendo en las instituciones de educación, en todos sus niveles.


Por su función educativa y por su carácter de institución social, la universidad debería ser no solo un espacio propicio que muestre las diferencias étnico-raciales nacionales, así como la diversidad de género, sino también un lugar que promueva el trabajo orientado a recuperar los derechos y a lograr el reconocimiento social de los grupos sexualmente diversos, hoy marginados y discriminados en el cuerpo social, y aun excluidos de su contexto.


La universidad todavía privilegia la formación diseñada para el grupo heterosexual, hacia el cual enfoca sus políticas, planes y programas. Por ello, la diversidad sexual no es un tema central que suscite debates, requiera su atención o se incorpore en los discursos de la estructura institucional. Lo paradójico es que la discusión sobre la diversidad sexual y de género ha tomado fuerza por fuera de la institución universitaria. La universidad es aún lenta y rezagada y parece que las presiones sociales superan su capacidad de respuesta.


Es evidente que existen vacíos en la reglamentación respecto a la población homosexual, porque se asume que ya está incluido en los marcos constitucionales y en los derechos humanos, y que por tanto esta población no amerita tratamiento diferencial. Por ejemplo, la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN), en relación con el bienestar universitario, no ha abordado el tema de la diversidad sexual para someterlo a debate. Otros son los asuntos de bienestar estudiantil, como la atención a la población en situación de discapacidad, las comunidades indígenas y afrodecescendientes, el voluntariado, la deserción estudiantil o la acreditación institucional.


Los ambientes anteriores a la universidad: familia y escuela


A diferencia de otras poblaciones minoritarias reconocidas, como las étnicas o las raciales, la población homosexual no siempre encuentra en la familia un primer apoyo que amortigüe el rechazo social al que está expuesta. Por el contrario, muchas veces la estructura familiar genera una resistencia profunda al reconocimiento de la diversidad sexual de sus integrantes.


El espacio educativo se convertiría entonces en el agente de socialización y tendría el compromiso de llenar el vacío que deja la familia en este campo. Pero lo que se puede evidenciar, al mirar el sistema educativo, es que no le ofrece espacios y alternativas al individuo para que viva el proceso de construcción de su identidad de una manera positiva e incluyente. Poco se hace en relación con el acompañamiento a los procesos individuales, la formación del individuo desde la diversidad, la interlocución y la interacción.


La vida en los colegios puede ser tan compleja como la vida en el ámbito familiar, dado que los marcos normativos escolares todavía no incluyen dimensiones de la diversidad sexual, que quedan relegadas a algunos módulos en las cátedras de educación sexual y reproductiva. Los resultados muestran que en el colegio se experimentan altos niveles de discriminación, rechazo e intolerancia por parte de docentes, compañeros de estudio y administradores. Por ello, ingresar en la universidad significaría alcanzar un espacio donde se puede respirar cierta libertad.


Gays y lesbianas, universidad y nuevos derechos


De la exploración acerca de la socialización en la universidad se deduce que entre más se integren el joven gay y la lesbiana a redes de amigos pares o heterosexuales, menores son los niveles de rechazo u homofobia. Otras investigaciones, como la desarrollada por Toro y Varas, concluyen que los heterosexuales que conocen a personas homosexuales pueden mostrar menores niveles de prejuicio y distancia social que las que no los conocen: "Es posible que conocer e interactuar con personas gays y lesbianas reduzca los niveles de prejuicio y distancia hacia dicha comunidad al confrontarse con una realidad diferente a las visiones estereotipadas socialmente difundidas" (Toro y Varas, 2004, p. 547).


Otro aspecto analizado fue la construcción de redes por parte de estos jóvenes, así como los procedimientos y estrategias de vida que emplean, y su inclusión en la dinámica virtual (un elemento central de su vida académica). En este sentido, el estudio señala la forma como el proceso de autodefinición y reivindicación de la orientación sexual (como hombre gay o como mujer lesbiana) se convierte en un dispositivo que marca una ruptura (y la consiguiente resignificación) del proceso de socialización impuesto a los jóvenes desde la masculinidad hegemónica, base de la sociedad y del sistema patriarcal en la cultura occidental.


A la universidad se la percibe como un espacio para la libertad, que posibilita afrontar con mayor tranquilidad el proceso de autodefinición porque sus controles no funcionan tan fuertemente como en la escuela y la familia, y posibilita una dimensión más personal para reforzar el cuadro identitario que muchas veces no logra constituirse en las etapas de formación previas. Esa ruptura se expresa en los casos estudiados, pues los jóvenes gays y lesbianas adquieren un nivel de libertad más amplio que ellos identifican y aprovechan para asumir sus vidas según su orientación homosexual. Pero la dimensión académica impone sus condiciones, en tanto la universidad fomenta una identidad profesional y deja lista a las personas para el ingreso a una vida laboral, que dependerá no solo de los talentos y destrezas propias de cada persona, sino también de contextos más amplios, como las posibilidades que marca el tipo de carrera o profesión escogida y la oferta laboral.


En cuanto a las formas como sus acciones se incorporan al contexto de la sociedad, el estudio permitió entender que los homosexuales gay son más visibles que las lesbianas. Un posible síntoma de esa dinámica, detectado en esta investigación, es la mayor dificultad para lograr entrevistas con ellas (más reticentes a participar), y algunas entrevistas fueron poco profundas, debido a los temores que ellas abrigaban.


De los aspectos organizativos puede decirse que en algunas universidades del país están surgiendo distintos tipos de estructuras estudiantiles de gays y lesbianas que abordan el reconocimiento de la diversidad sexual; sin embargo, hasta el año 2012 no se había hecho un análisis sistemático y transversal de la situación universitaria. En este lugar, los grupos de estudiantes reproducen ideas y argumentos del movimiento homosexual, que buscan, a través de acciones creativas, avivar una discusión política acerca de la diferencia, y un llamado al reconocimiento de la diversidad sexual y de género.


En lo relacionado con este reconocimiento, se concluye que debe hacerse en el plano de los derechos pero también en el amplio espectro social —una tarea compleja y difícil—. Solo se encontró en la Universidad del Valle un grupo de trabajo que está buscando que la universidad lo reconozca como grupo estudiantil, mientras que en la universidad privada no existe alguno. Las formas organizativas se encuentran por fuera del espacio universitario, pero lo interesante es que en ellas participan estudiantes, egresados y profesores de ambas universidades.


En cuanto a los lugares y espacios académicos y públicos donde se reúnen estos jóvenes universitarios, existe un proceso interesante. La universidad no está obligada a ofrecer escenarios propicios para el desarrollo de la diversidad sexual, pero sí está obligada a ofrecerlos para la realización de los procesos formativos, lúdicos y recreativos de toda la comunidad académica. Hay casos de estudiantes que, al encontrarse con otros estudiantes en la universidad, y al percatarse del control universitario, desarrollan un comportamiento muy ingenioso para eludir o quebrar el control y expresar su orientación sexual en encuentros amorosos y de tipo sexual. Los estudiantes gays y lesbianas se encuentran en un plano íntimo y cercano, en sitios estratégicos y a veces clandestinos del campus universitario o de la ciudad, lo que indica que perciben que su comportamiento no es socialmente aceptado y que están expuestos al rechazo, al control social y a una sanción.


La comunidad y los agentes institucionales sancionan la conducta homosexual y la heterosexual que contradiga o viole los patrones morales establecidos (por ejemplo, sus encuentros clandestinos). Se actúa y se sanciona de modo diferente frente a ciertos comportamientos de pareja, como el abrazo y el beso: si se dan entre un hombre y una mujer heterosexual, no reciben sanción social, pero lo contrario ocurre si se presentan en una pareja homosexual. Sin embargo, hasta el momento de la redacción de este artículo no se encontró evidencia de que alguna de las universidades estudiadas haya impartido una sanción institucional a algún estudiante por ese comportamiento específico.


Justicia y nuevos derechos


Colombia se reconoce como una nación multicultural, según figura en la Constitución política, y esto impone retos importantes. Uno de ellos tiene que ver con el respeto a los valores diferentes, que es esencial en los derechos culturales y colectivos. Esta actitud no supone, necesariamente, un rechazo a la universalidad, porque al lado de los derechos humanos fundamentales de orden individual deben surgir derechos colectivos complementarios.


Como claramente lo expresa Del Corral (2007), entre los nuevos derechos están los culturales, que se refieren a las características de diversidad de los pueblos que tradicionalmente han sido discriminados. Esto reproduce una injusticia cultural palpable en la estructura y en la acción social. Existe el riesgo de caer en la aceptación indiferente y silenciosa del otro como distinto, sin que haya un reconocimiento activo y enriquecido de esa diferencia. La injusticia social, por tanto, no es solo económica, sino también cultural y simbólica.


La solidaridad se presenta como un valor emergente que fundamenta los nuevos derechos. El mecanismo para afrontar de modo preciso estas injusticias tiene que ver con dos fuerzas: por un lado, la redistribución para enfrentar la inequidad económica y, por el otro, el reconocimiento para afrontar la inequidad cultural y simbólica. El reconocimiento mutuo supone la identidad de las personas a partir de la corresponsabilidad, es decir, se establece una comunidad de fines con cierta identidad entre los sujetos (Díaz de Terán, 2007). Se suele reconocer al diferente no para incluirlo, sino para insistir, ante él y ante los demás, en que "ser diferente" no es bien visto todavía por la sociedad. Si se aceptara que hay gente distinta (y no solo por su orientación sexual), esa aceptación bastaría para evitar el ejercicio de reconocerlos para señalarlos.


Posibles consecuencias políticas del estudio


Este trabajo puede despertar en los grupos estudiantiles homosexuales la motivación para ejercitar una demanda de derechos dentro de la universidad. La reafirmación de esa identidad es también la manifestación de lo real y de lo verdadero frente a la lógica económica, constituida en la racionalidad de más alto grado del ser humano, ignorando la naturaleza, la diversidad y la cultura. Según los nuevos derechos, ninguna persona puede ser víctima de la discriminación por sus creencias, sus hábitos culturales o su orientación sexual. Todo tipo de vínculo personal libremente consentido, como el que ocurre en las parejas homosexuales, merece la misma protección. No hay un modelo de vida personal o familiar que tenga derecho a más protección que otro modelo.


En segundo lugar, el estudio puede motivar también a la universidad para acompañar procesos de reconocimiento social de la población de estudiantes homosexuales. Francisco Leal Buitrago (2000, p. 13) lo expresa claramente: "La sociedad civil que las ciencias sociales deben ayudar a construir requiere solidaridades, alianzas y visiones colectivas éticas con objetivos democráticos propiciados por liderazgos que escasean". Finalmente, puede mostrar a los profesionales de las ciencias sociales la capacidad suficiente que tienen para apoyar, de manera significativa, "la construcción de frentes colectivos (en este caso de grupos de homosexuales) que hagan respetar la libertad de expresión frente a quienes desean silenciar las conciencias" (13).


Una reflexión final sobre la universidad del presente


En la sociedad del presente, la universidad sigue reproduciendo las formas de la educación clásica, es decir, para la sociedad y no tanto para los sujetos, porque forma profesionalmente algunos seres sociales —mediante programas profesionales enmarcados en líneas productivas— que participan en el proceso de producción y reproducción del sistema. Así, a la universidad ingresan, y luego se titulan en forma permanente, individuos que creen haber sido formados por las buenas intenciones de la institución, y desconocen que forman parte de una organización preestablecida por el sistema, que hace de la universidad una industria intelectual y de mano de obra que sirve para repartir a estos individuos por campos productivos.


Argumentos asentados sobre las bases de nociones como alta calidad, calidad total, gestión del conocimiento, cultura organizacional, talento o productos, son solo algunos de los efectos que ha tenido el traslado del discurso organizativo empresarial a la universidad. Más que institución social, la universidad es hoy una institución que se encajó en el proceso de producción. Al parecer, la universidad espera que sean otras instituciones y agentes de la sociedad los responsables de abordar y asumir la crítica contra la discriminación y brinda pocas herramientas a los jóvenes homosexuales para que la enfrenten en su vida cotidiana, como individuos y ciudadanos con profesiones. Si la universidad empodera al estudiante con ideas, argumentos, teorías, demostraciones y reflexiones, promoverá grandes transformaciones sociales. La globalización está introduciendo cambios profundos en la organización social, entre ellos la relación entre economía, Estado y sociedad, que está en reconstrucción.





Volver arriba